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Country Focus: Francia

Francia: boom des la coproducciones para la busqueda de financiación internacional (junio 2003)

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- Las fronteras de la producción se ha ampliados a gran velocidad. Un universo complejo que promete y en el cual el sistema y las competencias pueden marcar la diferencia

La oleada de coproductores europeos

Europa, ¿el nuevo Eldorado de los productores franceses? Ante una progresiva disminución de las inversiones de la televisión, todos los profesionales franceses se han lanzado hacia una intensa búsqueda de financiamientos internacionales para mantener el nivel muy alto de la producción nacional, que cada vez se exporta con más facilidad.
Se tejen colaboraciones europeas, se experimentan cooperaciones privilegiadas según el abanico de ofertas de los distintos países, mientras que los planes de financiación son cada vez más complejos. En Francia las coproducciones europeas van viento en popa, pero la situación no es fácil. Ya que los nuevos terrenos que quedan por descubrir reservan sorpresas. El panorama de las nuevas fronteras de la coproducción.

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Los buscadores de oro

“Ahora se hace así”. El comentario de un productor de la sociedad francesa Pan-Européenne ante los coproductores españoles, italianos y británicos que participaron en la nueva película de Manuel Poirier, Chemins de traverse, ilustra perfectamente la práctica que últimamente parece haberse poseído de la cinematografía francesa. Se quiera o no las coproducciones europeas son imprescindibles a la hora de realizar una película y la tendencia va en aumento.
En el 2002, de los 200 largometrajes en proyecto, 94 han visto la participación de algún socio extranjero, es decir el 47 por ciento de la producción total (35 por ciento en el 2000 y el 38 por ciento en el 2001). Un total que incluye 57 producciones internacionales de películas de iniciativa francesa y 37 largometrajes con una cooperación mayoritariamente extranjera. Pero el fenómeno más relevante está relacionado con el aumento de las inversiones extranjeras en las producciones mayoritariamente francesas (FIF): +30 por ciento en el 2002, con un total de 79.84 millones de euros de un total de 724,17 millones (11 por ciento en el 2002 contra el 6.5 por ciento del año 2000). Una tendencia al alza entre el 1 de enero y el 15 de junio de este año, con 33 películas FIF producidas por colaboradores extranjeros, de 70 películas en proyecto. Resulta que mientras las inversiones francesas en la producción cinematográfica nacional sigue estancándose, las financiaciones extranjeras de otros países aumentan a gran velocidad (+74 por ciento en dos años).

Los privilegiados de esta nueva situación son los socios extranjeros, Bélgica está a la cabeza (15 coproducciones de FIF en el 2002, y 10 desde principios del 2003), seguida por Gran Bretaña (10 y 10), Alemania (9 y 4), Italia (9 y 4) y España, que este año parece haberse decidido (3 coproducciones en el 2002 y 4 desde el 1 de enero 2003).
Pero para comprender mejor las causas de esta revolución en la producción francesa, es necesario mirar atrás. En los años 70 el sistema de las coproducciones europeas contaba con la notoriedad de las estrellas del viejo continente. Debido a la creciente importancia de la televisión privada, en cada uno de los distintos países se abrió camino a los financiamientos nacionales, dejando que las distintas cinematografías se replegaran en sí mismas, quedándose en su propio territorio. Pero el cambio vino a finales de los 90 con la crisis de las televisiones de pago en toda Europa. La pre-adquisición de películas entraron en fase de restricción, en Francia de manera particular por las dificultades de Canal + (fuente principal de financiamiento del cine francés), obligando a los productores a buscar nuevos financiamientos. Al mismo tiempo, numerosos países europeos han preparado, dispositivos de ayudas a la producción (Fondos regionales en Alemania, sistemas de exención fiscal como el “sale and Leaseback” británico o el tax-shelter belga y luxemburgués). Por otra parte el reciente éxito de las películas francesas en el extranjero (55 millones de espectadores internacionales en el 2002) ha atraído el interés de nuevos socios extranjeros. Para terminar, la nueva construcción política y monetaria de la Unión Europea juega ahora un nuevo papel propulsor, acercando lentamente las visiones nacionales a favor de una estrategia global, que por ahora se limita a la producción, no habiéndose podido imponer en el sectbror de la distribución.

Una pesadilla necesaria

El ascenso de las coproducciones europeas en Francia parece una cuestión fácil, pero para los productores, en realidad, es mucho más compleja. El aumento de los socios extranjeros y de las fuentes de financiamiento es un verdadero rompecabezas. Una situación que han remarcado tres productores franceses a principios de julio con motivo de una mesa redonda organizada por el Festival “Paris-Cinéma”: Jacques Bidou (JBA Productions) que ha realizado más de 100 películas a través de coproducciones internacionales, entre ellas las recientes Des plumes dans la tête del belga Thomas de Thier y Les mains vides del español Marc Recha; Patrick Sobelman (Agat Fils &Ex Nihilo) productor de la trilogía del belga Lucas Belvaux y de dos largometrajes de la directora franco-islandesa Solveig Anspach; y Joël Farges (Artcam International), especialista en coproducciones internacionales con países del Este como la República Checa, Tajikistan y Kazahkistan.
Primer problema: la difusión. Según Patrick Sobelman, los canales televisivos franceses transmiten cada vez menos películas europeas: “Para las películas realizadas en otros idiomas que no sean el francés, sólo existe el Canal + como posibilidad de compra, si bien no es suficiente aunque se adquieran películas de autores como Moretti, Almodovar o Frears”. Por el contrario, en el Reino Unido, Channel 4 parece ser el único canal televisivo que compre obras en lengua no inglesa. Esta tendencia, según Joël Farges, daña al sector, añadiendo que “en Praga, a excepción de alguna película francesa o alemana, no se pueden ver películas europeas”.
Segundo problema: la complejidad de los planes de financiación para las pequeñas sociedades de producción independiente. Según Jacques Bidou, una coproducción que reúna a cuatro países puede generar 24 fuentes de financiación diferentes. Y si “la harmonización de los acuerdos de coproducción europeos van por el buen camino, está el hecho de que cada país tiene su propia legislación e intenta proteger su propia industria cinematográfica y técnica. Habría que ir más allá y equilibrar más el funcionamiento de los sistemas nacionales de ayuda a la producción y también los “derechos de autor”. Cuestión difícil, ya que cada país defiende sus propios intereses y enlaza su propio sistema de ayuda a los gastos que se tienen que efectuar en el territorio nacional. El sistema de ayudas del CNC francés (75 céntimos por entrada destinados al productor para invertirlos en la próxima película) por ejemplo, está basado en un sistema de puntos que disminuye al aumentar la presencia de coproductores extranjeros.
Estamos de acuerdo al considerar que actualmente la coproducción europea es una necesidad vital, los 3 productores franceses han destacado que los tiempos de montaje son demasiados largos y a veces problemáticos a nivel de competencias y experiencia de los socios.
Conocer la motivación de los coproductores es un dato esencial, considerando las numerosas sociedades que se unen tarde y acaban por no participar realmente en el desarrollo de la película. De esta manera, un productor que ha gastado dinero y energía en un proyecto, arriesga al ver cómo se le escapan los derechos de la película, limitándose a tener que proteger la recaudación en el mercado nacional.
Según Patrick Sobelman, es primordial crear una red para las coproducciones con asociados más sólidos y colaboradores. Alianzas que se consiguen con el tiempo.

El tiempo de los especialistas

El desarrollo de las coproducciones europeas está transformando lentamente el paisaje cinematográfico francés. En el 2002, entre los presupuestos más altos de películas francesas (+ de 7 millones de euros) se han contado al menos 10 coproducciones. Blueberry de Jan Kounen (31.13 millones de euros), la película con el presupuesto más alto del año, ha sido financiada un 20 por ciento por el Reino Unido. Italia ha participado en un 10 por ciento en dos de las más grandes producciones francesas del 2002: Tais-Toi de Francis Veber y La femme-piège de Bilal.
En cuanto a The dreamers de Bernardo Bertolucci, décimo clasificado entre los presupuestos más altos con 13.99 millones de euros, ha sido financiado en un 55 por ciento por Francia, por un 25 por ciento por el Reino Unido y por un 20 por ciento por Italia.
En cuanto a las coproducciones minoritarias, las sociedades francesas no se han qu edadp atrás en el 2002, invirtiendo en directores europeos como Von Trier, Avati, Angelopoulos, de Oliveira, Olmi.
Por otra parte en los festivales más importantes una película de cada tres está coproducida por Francia.
Los resultados hablan por sí solos.
Para seguir más de cerca estos movimientos productivos, se han constituido asociaciones europeas como, Ateliers du Cinéma Européen (ACE), los Empresarios Europeos para el audiovisual (EAVE) o el Club de Productores Europeos, cuyo trabajo está empezando a dar sus frutos, gracias al siempre creciente números de socios entre profesionales del sector, que de esta manera aprenden a trabajar mejor juntos y con bases más sólidas. Al mismo tiempo se han creado estructuras especializadas en la búsqueda de financiamientos internacionales como Exception (ex Wild Bunch, sociedad de ventas al extranjero), que ha lanzado el pasado enero un sector de servicios para la coproducción destinada a las sociedades independientes, dirigido por Juliette Renaud, ex directora de compras de películas extranjeras de Canal+. También Celluloïd Dreams y Les Films du Losange de Margaret Ménégoz, que han formado sectores específicos como Back up o Shorts cuts.
¿El objetivo? Ayudar a los productores franceses a ver más claro entre la cantidad de mecanismos extranjeros de los distintos países. Sistemas que evolucionan rápidamente, como es el caso del célebre “sale & lease back” británico, que hasta hace poco tiempo admitía coproducciones financieras sin aporte técnico o artístico del país minoritario, pero que ahora exige que el 20 por ciento del presupuesto del película sea gastado en el mismo Reino Unido. Modificaciones que obligan cada vez más a los productores franceses a realizar en otros países la post-producción de las propias películas, sobretodo en el campo del sonido (una decena de películas en el 2000). Una tendencia que el Ministro de Cultura francés, Jean-Jacques Aillagon, ha intentado frenar esta tendencia, con la creación de un tax-shelter (desgravaciones fiscales) que atraigan sobre al territorio nacional, un número siempre mayor de rodajes. Pero el dispositivo todavía no ha sido fijado y los primeros elementos conocidos se prestan ya a una controversia, ya que dañarían los recursos de otro sistema, el de Sofica (sociedad de financiación para el cine y audiovisuales).
Está claro que este aumento de las coproducciones europeas empieza a generar competencia creciente entre los países, que podría empeorar con la entrada de los países de la Europa Central y del Este en la Unión Europea (Hungría, República Checa, Bulgaria y Rumania) con la propuesta de Estudios y exteriores de calidad, además de una mano de obra de poco coste. Parámetros que acentuarían la complejidad de las coproducciones que tal y como están ahora, están transformando a los productores franceses en especialistas del territorio europeo .

 

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