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Jean Libon y Yves Hinant • Directores

“Lo horrible resulta a menudo ferozmente divertido”

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- SAN SEBASTIÁN 2017: Estuvimos con los cineastas belgas Jean Libon e Yves Hinant tras la presentación de su primer largometraje, Ni juge, ni soumise, en la selección oficial del certamen donostiarra

Jean Libon y Yves Hinant  • Directores
Jean Libon (izquierda) e Yves Hinant (© Montse Castillo/Festival de San Sebastián)

El programa documental belga Strip-Tease es famoso entre el público francófono por los retratos naturalistas y casi sin montaje que lleva a cabo de sus sujetos. Jean Libon, uno de los dos creadores de la emisión, e Yves Hinant, uno de sus directores más recurrentes, codirigen Ni juge, ni soumise [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Jean Libon y Yves Hinant
ficha del filme
]
, el primer largometraje de la serie, con el que compiten por la Concha de Oro del 65ºfestival de cine de San Sebastián. Cineuropa estuvo con ellos para hablar de su colaboración y de su personaje principal, la jueza Anne Gruwez.

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Cineuropa: Podría presentarnos un poco la serie documental Strip-Tease para nuestros lectores no francoparlantes? ¿Qué vínculo hay entre el programa y la película?
Jean Libon & Yves Hinant
: Strip-Tease (ST) nació a partir de una reflexión que tuvimos al cabo de unos diez años haciendo televisión. Teníamos dos instrumentos formidables a nuestra disposición, una cámara móvil y un micrófono. Lo que pasa es que con ellos hacíamos o bien «radio filmada» o bien «pintura comentada», esto es, ficción subrepticia. Así que decidimos deshacernos de estos bártulos y volver a la materia prima, a saber, la imagen sin comentarios, sin entrevistas y sin música. ST se convirtió en 1985 en un programa mensual difundido en prime time en Bélgica. En 1992, lo reprodujo France 3. La audiencia respondió de manera sorprendente y el público de esas emisiones era especialmente joven.

En 2001, ST se transformó en Tout ça ne nous rendra pas le Congo, por falta de efectivos para realizar los programas. Como la televisión cayó en desuso frente a la telerrealidad y la corrección política, pensamos, no sé si correcta o equivocadamente, que una mirada así sobre la sociedad tiene siempre una peculiar pertinencia. Por eso, nos centramos, en última instancia, en el cine. Hay una gran continuidad entre la pequeña y la gran pantalla.

Aunque no es nuestro primer largometraje para el cine, exploramos diferentes formatos televisivos: 15’, 30’, 52’. En este momento, también estamos trabajando, de hecho, en una serie de televisión de unos diez episodios.

¿Por qué escogieron, para este primer proyecto de colaboración, a la jueza Anne Gruwez de entre todos los personajes posibles?
¿Por qué Gruwez? La señora jueza nos pareció evidente por ser un personaje fascinante, carismático, tosco y abierto a este tipo de experimento. Ella da rienda suelta a la lengua y al pensamiento y no vacila a la hora de expresarse. Tiene algo tan raro en nuestros días como lo es el sentido del humor y, sobre todo, puede hacer que todo eso traspase la pantalla, lo que es muy difícil de encontrar en un ámbito judicial. Para hacer una película, también necesitábamos una o varias historias y de historias esta película va bien cargadita.

¿Cómo llegaron hasta el affaire de Yolanda y Nicole?
Se trataba de un «cold case», un caso no resuelto cuyo principio ella no había conseguido descifrar. Se trataba para ella de un asunto personal.

¿Tuvieron problemas prácticos a la hora de filmar? Pienso sobre todo en acuerdos de confidencialidad o en las audiencias.
A estas alturas ya hay algo así como una cultura de mostrar lo menos posible y de operar sobre la fachada: para filmar tomamos precauciones sorprendentes y nos obligamos a dejar de mirar a la cara a la realidad. La orden de «positivar» se ha hecho prioritaria y nos obliga a no mostrar toda la realidad de una sociedad, a ejercer cierta autocensura, a conformarse con lo políticamente correcto. Sin embargo, nosotros creemos que es importante mostrarlo todo para que el espectador vea lo que pasa. Proyectamos nuestra mirada tal cual sobre la realidad para que el espectador haga lo mismo con su idea y si entre el público hay desacuerdo, pues mejor. Esa idea también estaba en la génesis de ST.

¿Creen ustedes que se trata de una fiel representación del sistema judicial belga o solo de un caso extremo? 
Por muy extraordinario que parezca, la película refleja una realidad de lo más banal. Lo que filmamos en Bélgica existe, como es natural, en todas partes. Anne Gruwez y nosotros nos tomamos la libertad de expresarnos en la pequeña y en la gran pantalla. Lo horrible resulta a menudo ferozmente divertido. No se trata del cine, ¡es algo peor!

(Traducción del francés)

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