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Andrea Caccia • Director

“Un microcosmos donde coexisten diferentes momentos de la existencia”

por 

- El director italiano Andrea Caccia nos habla de su nuevo proyecto, Tutto l’oro che c’è, ganador del Lab Project Award de Eurimages en el festival de Les Arcs

Andrea Caccia • Director
(© Gaia Giani)

Inmerso en la naturaleza, entre documental y ficción, sin diálogos: así es lo nuevo de Andrea Caccia (48 años), su tercer largometraje tras Vedozero y La vita al tempo della morte, rodado enteramente a orillas del río Tesino. Se trata de un proyecto difícilmente catalogable, producido por la italiana Dugong, la francesa Picofilms y la suiza Rough Cat. El proyecto acaba de adjudicarse el Lab Project Award de Eurimages en el programa de Work-in-Progress del 9° festival de cine europeo de Les Arcs.

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Cineuropa: ¿Se esperaba este premio?
Andrea Caccia: Sinceramente no, vistos los otros proyectos presentados, que eran más clásicamente de ficción, de autor, seguramente mejor etiquetables que el nuestro. Es un premio que nos alegra mucho y que resulta de gran importancia en esta fase. Estamos a punto de entrar en el sprint final del montaje, al cabo de largos meses de preparación, por lo que es un buen acompañamiento económico que nos permite concluir la película exactamente como queríamos. El rodaje lo hicimos en 2016, durante seis meses, sin interrupción. Después pasé siete meses de 2017 limpiando el material (170 horas en total), el escalonado, la primera versión. Afrontamos así con mayor serenidad y entusiasmo esa fase decisiva que empezará en enero.

El suyo es un proyecto difícil, sin diálogos, lo que es un valiente desafío. ¿Cómo le vino la idea?
Nací en la parte piamontesa del río Tesino; después, hace unos diez años, me mudé a la orilla lombarda. Iba mucho al río con mi padre y ahora lo hago con mi hijo, así que pasé a la otra orilla también desde el punto de vista existencial. De los paseos con mi hijo nació la primera idea de la película: contar de qué manera ese ambiente es un microcosmos donde coexisten diferentes momentos de la existencia. Mi cine es fruto de la observación pero nunca he seguido los clásicos estilemas del documental. Pensé en cómo dar cuenta de esta dimensión existencial dentro de un espacio en continua mutación como puede ser ese bosque y ese río que yo conozco como Tesino pero que bien podría hallarse igualmente en Francia, Estados Unidos o Asia.

¿Cómo ha estructurado el relato entonces?
En la fase de escritura, se me ocurrió la inserción en esta video-observación de la realidad personas que hubieran tenido experiencias útiles para el relato: un crío de 14 años (mi hijo), en plena edad de descubrimientos, incluido el peligro; un hombre de 30 años, cazador, que abre la cuestión sobre qué es lo que todavía hoy lleva a un hombre a disparar a un animal; un hombre de 48 años, nudista, puesto que las primeras playas nudistas de Italia aparecieron a orillas del Tesino; un carabiniere a punto de jubilarse que regresa a los lugares de sus investigaciones criminales, en busca de algo, y, por último, un hombre más anciano que, de cuando en cuando, va al río en busca de oro, como hacían sus abuelos, sus padres y hasta él mismo, hasta un determinado momento de su vida. Son cinco edades diferentes, cinco formas de mirar la vida y de vivir el río. Partiendo de la observación de la naturaleza y de los animales, vemos a estos cinco personajes moviéndose en este lugar de manera habitual. La película no tiene diálogos porque ninguno se topa con ninguno. El único elemento pensado para dar desde el principio algo que lleve al espectador a seguir a los personajes es una escena rodada en el nacimiento del Tesino, con un grupo de niños que juegan al escondite. Un niño desaparece. Partimos de ahí para lanzar una primera pregunta, robusta, al espectador: ¿dónde ha ido a parar el niño? ¿Se ha convertido tal vez en uno de esos personajes?

En el catálogo de Les Arcs, su proyecto aparece calificado como “híbrido”.
El director artístico del festival lo ha definido como un thriller metafísico. Yo lo catalogo como una película de no ficción: se parte de la observación de la realidad para construir una historia. El ser “híbrido” es quizá el elemento de interés del proyecto, plantea preguntas a quien lo ve, no se deja encasillar inmediatamente. Quien ha visto los primeros ocho minutos de montaje me ha hablado de imágenes evocadoras y magnéticas. No hay diálogos ni tampoco habrá música; nos espera un gran trabajo de diseño de sonido y el premio obtenido nos proporciona la serenidad para afrontarlo. Además de la coproducción de Francia y Suiza (donde trabajaremos sobre el sonido), tenemos una empresa sueca (Shoot&Post) que se ocupará de la corrección de color.

¿Cuándo estará lista la película y dónde le gustaría presentarla?
Estará lista para el verano de 2018, para Locarno, Venecia, Toronto… Esperamos seguir avanzando bien como hasta ahora y hallar un espacio, una agencia de ventas y una distribuidora. La película está hecha para la gran pantalla: tiene una impostación pictórica evidente. Hay largos planos fijos, el tiempo fluye, no parece ocurrir nada y, después, quizá, detrás de un árbol, algo se mueve. Mi principal fuente de inspiración es el trascendentalismo americano, la escuela del río Hudson. La idea era brindar una experiencia de mirada. Se necesita una gran tenacidad para hacer una película de este tipo.

(Traducción del italiano)

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