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CANNES 2018 Competición

Christophe Honoré • Director

"Una fotografía sensible de esos años de mi juventud"

por 

- CANNES 2018: El cineasta francés Christophe Honoré habló con la prensa sobre Plaire, aimer et courir vite, presentada a concurso en el 71º Festival de Cannes

Christophe Honoré • Director
(© M. Petit / FDC)

Acompañado por sus actores Pierre Deladonchamps y Vincent Lacoste, Christophe Honoré mantuvo un encuentro con la prensa internacional en torno a Plaire, aimer et courir vite [+lee también:
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Q&A: Christophe Honoré
ficha del filme
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, un largometraje de gran amplitud y riqueza que mezcla el drama, la distancia, el amor romántico y la pasión física y que ha sido proyectado como parte de la competición por la Palma de Oro del 71º Festival de Cannes.

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¿Por qué añadiste "vite" [deprisa] a "plaire, aimer et courir" [gustar, amar y correr] al título?
Christophe Honoré: Esa velocidad era la que yo quería dar a la historia, por mucho que, por mucho que lleve su tiempo contarla. Tenía la impresión sobre todo de que el personaje de Arthur, que interpreta Vincent Lacoste, tenía que percibir que su vida se aceleraba aparentemente a medida que la película avanzaba. Teníamos esta idea de trabajar a dos velocidades diferentes con un personaje que empieza de una forma en la vida y que la acelera al conocer a Jacques, a quien interpreta Pierre Deladonchamps, quien, al contrario, está ralentizando la suya, se encuentra en fase de renuncia. Estas dos velocidades contradictorias eran esenciales dentro de la dramaturgia del guion.

Desde los títulos de crédito sabemos que estamos en 1993.
La gente como yo que teníamos 20 años en los 90 todavía guardamos un recuerdo vivaz de aquellos años. También siento que es una época de la que tratamos de escapar lo más rápidamente posible. Extrañamente, es una época que en absoluto ha terminado pero de la que cuesta encontrar un rastro a día de hoy. Cuando digo rastro no me refiero únicamente a señales en la arquitectura o en la moda sino signos más secretos, íntimos y subterráneos. Era uno de los desafíos de esta película: intentar capturar una fotografía sensible de aquellos años de mi juventud, sin mirada nostálgica o sin un exceso de dicha mirada pero, sobre todo, atendiendo más a la memoria que tengo de ellos.

El SIDA no es el asunto principal de la películas. ¿Podríamos hablar de todos modos de una especie de película de posguerra?
Está la idea de la danza de después, o sea, de cómo bailamos toda vez que los bailarines y los coreógrafos ya no están y qué hacemos con el lenguaje amoroso que ellos crearon, de las imágenes que crearon, y cómo nos sentimos un poco solos sin pareja. Hablo de personas a las que adoré, ídolos para mí cuando tenía 20 años y estudiaba en Rennes. La película intenta dar cuenta de todo ello: cómo nos las arreglamos cuando las parejas desaparecen para seguir bailando. Y en esta idea de la danza también está la idea de una disciplina de la liviandad, de no ser en absoluto complacientes, de no equivocarse con la pena el sufrimiento, de convivir con ellos.

¿Es una evocación, entonces?
La cinta funciona así. Lo que espero es que provoque recuerdos accidentales, en la medida tanto de los personajes como de una parte del público. Es evidente que este efecto de magdalena de Proust puede funcionar con la música pero creo que también funciona en la película con las obras infundidas y difundidas. La película está poblada de otras obras y otros artistas. Hay frases que vienen de Lagarce, otras de Guibert, gestos que provienen de un coreógrafo inglés, como una circulación de la memoria. El cine puede permitirnos soñar pero también puede tener esa fuerza de provocar un recuerdo, incluso un recuerdo imaginario, un recuerdo fantasma.

¿Qué intenciones tenías en materia de fotografía?
Había rodado mis dos películas anteriores en digital y quería volver a los 35 mm. Evidentemente, eso cambia la textura de la imagen. Pero también cambia la dinámica en un plató. Los "¡Acción!" son verdaderos "¡Acción!"; los "¡Corten!" son "¡Corten!" de verdad. De eso no hay en el digital: ahí grabamos las frases de los actores sin dejar de filmar; no tienes la impresión de que el plano empiece o termine nunca. El 35 mm pone también presión sobre los actores. No hago muchas tomas y ese lado precioso de la película es muy importante en el rodaje. En el cine, me percato enseguida cuando actúan en digital. Los actores no actúan igual que con película. También fue un rodaje particular porque dos tercios del metraje se rodaron de noche y en 35 mm. Eso lo hizo bastante especial. Y encima estaba la reconstrucción histórica, por mucho que sean los 90. Quería evitar el trabajo en los detalles y decidimos que los años 90 serían azules y que luego conjugaríamos eso en el conjunto del film.

(Traducción del francés)

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