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CANNES 2018 Competición

Stéphane Brizé • Director

"La brutalidad del mundo brinda terrenos de investigación y de interés colosales"

por 

- CANNES 2018: El cineasta francés Stéphane Brizé desmenuza En guerre, apreciada en la competición del 71º Festival de Cannes

Stéphane Brizé • Director
(© Julien Millet)

Tres años después de su primera aparición en la carrera por la Palma de Oro del Festival de Cannes con La ley del mercado [+lee también:
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(a la postre ganadora del premio al mejor actor), Stéphane Brizé regresa a la vitrina más exquisita de la Croisette con En guerre [+lee también:
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Cineuropa: ¿Por qué te has interesado por estos obreros que combaten el cierre de su fábrica?
Stéphane Brizé: Lo que me interesa es ver detrás de las imágenes que recibimos de esto, imágenes que siempre son de la más espectacular de las violencias. Cuando aparecen en los medios, barren todo a su paso y se cargan, evidentemente, el discurso de los asalariados, por muy legítimo que pudiera resultar. Desde el momento en que esas imágenes existen, su combate se detiene inmediatamente. ¿Qué ha ocurrido en los meses que precedieron esa acción? ¿Cómo pudimos llegar a eso? No es en absoluto una película que legitime la violencia sino que legitima la ira. Antes de la ira hay sufrimiento. Ese es el orden: sufrimiento, ira, violencia.. Durante mucho tiempo, mis personajes y los problemas de mi cine eran íntimos, internos a la familia o a la pareja. Desde La ley del mercado, abro la ventana al mundo y miro cómo el mundo percute en los hombres. La brutalidad del mundo en que vivimos brinda terrenos de investigación y de interés colosales.

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¿Qué investigación previa llevas a cabo para restituir lo más fidedignamente posible la realidad?
Hay que empezar informándose, consultar sobre el terreno, recoger los testimonios de mucha gente: no solo un líder sindical, desde luego, sino también abogados de los trabajadores, jefes, abogados de la dirección, expertos, responsables de recursos humanos, etc. La información es enorme y un poco vertiginosa porque uno se pregunta cómo va a crear una ficción con cosas que a veces parecen un tanto tediosas. Pero es un trabajo apasionante. Los asalariados tienen la opción de denunciar, así que hay cierta esperanza; después, se decide si se tiene en consideración o no, etc. Los trabajadores no obtienen ganancia alguna en el tribunal, lo que provoca otros efectos. Hay que crear desafíos fuertes: uno quiere una cosa y el que tiene enfrente quiere la contraria.

Parece, sin embargo, que intentas no caer en el maniqueísmo: cada cual tiene sus razones.
Si acabara en la caricatura de los amables obreros enfrentados a los patrones malvados y a los cínicos políticos, me pegaría un tiro. Lo importante es escoger un punto de vista y que se oiga lo que cada cual tiene que decir. Eso es también lo apasionante y lo complicado de la vida: cada cual puede tener un discurso bien estructurado, comprensible, con su guía de lectura, sus apoyos y su coherencia. Cada cual tiene su verdad y esas verdades se enfrentan.

¿Qué ritmo te gusta dar a la película?
Necesito tiempo en las secuencias y, para arrogarme esa autoridad, el montaje tiene que ser muy rápido, que haya elipsis fuertes para avanzar un poco al son de los tambores. De todas formas, en un conflicto social, hay tiempo para la acción espectacular y tiempo para la palabra. Al cine documental le cuesta mucho traducir esa palabra porque no suele tener acceso a los lugares en que se pronuncia. De lo que se trata es de hacer interesantes secuencias de cinco, seos o siete minutos solamente con palabras. Son cuestiones de dramaturgia.

¿Cómo funcionó la mezcla entre los actores aficionados y Vincent Lindon?
Todo empezó con un enorme casting, con más de 600 personas y sus ensayos. Elegir a una persona a la que doy una intervención en un ensayo y ver que vale es una cosa pero ¿sentar a quince en una mesa y ponerlos a interactuar unos con otros? Es una apuesta del momento. Probamos y construimos. Yo nunca he tenido a más de tres personas en una habitación; ahí había un mínimo de veinte dentro del encuadre, así que estaba en una situación bastante incómoda. Sin embargo, descubrí que me gusta enormemente filmar a toda esa gente interactuando entre sí y con Vincent. El objetivo de semejante dispositivo no era solamente volver creíbles a toda esta gente, que actuaran adecuadamente y demás, sino también que Vincent se integrara a la perfección en la mecánica.

(Traducción del francés)

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