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François Damiens • Director

“Nadie actúa mejor que el que no sabe que está actuando”

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- Entrevistamos a François Damiens, que estrenó su primera película, Mon Ket, el miércoles 30 de mayo en Francia y Bélgica

François Damiens • Director
(© Cinevox)

Saltó a la fama tras interpretar el variopinto papel de François l’Embrouille en un programa televisivo de cámaras ocultas, desde entonces, François Damiens ha trabajado tanto en comedias como en películas cada vez más complejas y profundas, como Otez-moi d’un doute [+lee también:
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. Como director, ha apostado fuerte con Mon Ket [+lee también:
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, produciendo una película filmada únicamente con cámaras ocultas. Le hemos entrevistado la víspera del estreno.

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Cineuropa: ¿Cómo surgió la idea de este proyecto?
François Damiens: Hacía tiempo que quería mezclar realidad y ficción. Hace 20 años que hago cámaras ocultas y me encanta. Cuando me propusieron hacer cine hace una década, pensé inmediatamente que sería interesante unir ambos conceptos. Era difícil, pero nadie actúa mejor que el que no sabe que está actuando. Merece la pena poder contar una historia de una manera tan veraz a pesar de lo complicado de la logística. Yo soy el único elemento común, un interruptor, pero son ellos los que brillan, las luces que permiten todo esto. Yo no soy más que un acompañante.

¿Cómo se escribe el guion de una película filmada solo con cámaras ocultas?
El guion eran unas treinta páginas que describían una serie de situaciones con una cierta cronología. Partimos del personaje y fuimos construyendo a su alrededor una historia de fuga y deserción. De todas formas, había aún muchas lagunas que llenar a lo largo de la película y el hecho de que ocurriesen o no ciertas situaciones es lo que permitió escribir el resto del guion.

¿El método de grabación fue muy diferente al que se usa en televisión?
Sí, teníamos 7 cámaras, a veces incluso 11, e incontables micrófonos, pero era necesario para que resultase natural y la persona con quien yo interactuaba pudiera moverse libremente y no estuviese confinada a los límites de nuestros medios.

¿Cuántas tomas hacíais? ¿Cuántos actores (víctimas) tuvisteis que descartar?
De media, alrededor de una docena. Hemos grabado cronológicamente durante más de un año para poder mantener una cierta coherencia. Observamos progresivamente cómo se iba desarrollando la historia para poder decidir qué “actores” descartar y así poder seguir filmando en función de lo que manteníamos.

La mayor dificultad ha sido conseguir mantener el engaño, pero siempre respetuosamente.
Teníamos que ser respetuosos. Lo que yo quería mostrar son las reacciones de la gente, y para eso hay que hacerles rabiar un poco, pero sin maldad ni condescendencia o burla. El público, sobre todo en Francia, se sorprende con nuestra interacción con los belgas. En París es diferente, no tienen tiempo ni para decirte la hora.

Aquí, hay quien me ha dedicado hasta media hora. Cuando las víctimas tienen algo que reprochar a mi personaje se las apañan para expresarlo con franqueza, pero siempre educadamente.

La relación padre-hijo en torno a la que gira la historia aporta a la película una cierta ternura.
Esta relación era una buena forma de mostrar la sensibilidad del personaje, permitirle mostrar su lado femenino en cierto modo, para que fuese más conmovedor. Es muy triste ver a un padre que intenta educar a su hijo lo mejor que puede y que no es capaz. Aunque, de todas formas, consigue transmitirle lo más esencial, amor y tiempo. Pero en cuanto a valores morales, desatina.

¿Cómo dirigiste a los actores “de verdad” presentes en el rodaje?
Mientras filmábamos, dirigía a la vez que actuaba. De alguna forma, ellos también formaban parte de las víctimas, nunca se sabe lo que puede pasar en una cámara oculta. Yo estoy acostumbrado pero para actores como el joven Matteo Salamone por ejemplo, no fue fácil y tuvo que demostrar su madurez. Si se reía o sonreía, no se podían repetir las tomas. Así que yo tenía que ir dando directrices sobre la marcha: “Deja de reírte”, “Deja hablar a los mayores”, “habla más fuerte, no se te entiende”, como si fuese parte de la conversación…

¿Siempre habías querido dirigir?
No, no fue la idea inicial. De hecho, mi objetivo era escribir el guion y actuar, pero no pensaba dirigirlo. Eso vino después, cuando me di cuenta de que yo tenía ya experiencia con las cámaras ocultas, y tener que explicar mi visión del proyecto a un director sin mi experiencia sería una complicación más.

(Traducción del francés por Pedro Andueza González)

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