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NEW HORIZONS 2018

Jane Magnusson • Directora

“No hace falta indagar mucho para encontrar cosas malas sobre Bergman”

por 

- Hablamos con la directora sueca Jane Magnusson durante la presentación de su documental Bergman – A Year in a Life en el Festival New Horizons de Polonia

Jane Magnusson  • Directora

Después de Trespassing Bergman, codirigida con Hynek Pallas, y el alegre cortometraje Vox Lipoma, sobre el misterioso bulto facial del director, la directora sueca Jane Magnusson vuelve al director sueco en Bergman – A Year in a Life [+lee también:
crítica
entrevista: Jane Magnusson
ficha del filme
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. Esta vez, se centra en un año muy productivo donde estrenó El séptimo sello y Fresas salvajes, produjo dos obras de teatro, otras dos para la radio, tuvo seis hijos y mantuvo varias relaciones sentimentales. Hablamos con Magnusson sobre la película (y sobre Bergman) en el Festival Internacional New Horizons

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Cineuropa: Tu película es sobre 1957 pero también dejas que el objetivo gire en una dirección completamente diferente.
Jane Magnusson: Bergman falleció a los 89 años e hizo más de 55 películas. No puedes hacer una película que abarque todo eso. Cuando me di cuenta de lo interesante que fue ese año, quise poner el foco en él. Pero para que resulte interesante, tienes que decir algo sobre la persona. Tienes que saber cosas sobre su infancia, su juventud y su vida personal. Tienes que saber lo que conlleva un año tan impresionante como ese (por una parte, un gran impacto artístico; por otra, su transformación en un viejo gruñón).

Lo interesante es que Bergman siempre fue el primero en decir: “Soy terrible”. Nadie se hubiese atrevido. No sé si se trataba de una estrategia porque cuando haces autocrítica, los demás tienden a centrarse en los aspectos positivos. Dicen: “Oh, ¡qué películas tan maravillosas!”. No importa que fuese un padre horrible o que estuviese de acuerdo con las ideas de Hitler. Una de sus virtudes era la honestidad.

Pero, ¿basta con ser honesto? Un actor sueco dijo recientemente que Bergman arruinó tantas vidas como Harvey Weinstein, pero que él se alegraba de haber participado en sus películas. 
No creo que tengas que arruinarle la vida a nadie. Hubo varias mujeres en su vida pero nunca se quejaron —y yo no me voy a quejar por ellas—. Intenté buscar personas que realmente trabajaron con él, que supiesen cómo hablaba y cómo caminaba. Pero nadie quería ser “la persona a la que Bergman odiaba”. Todos querían decir: “Yo era su favorito. Me llamaba siempre y hablábamos durante horas”. Pero cuando les pregunté sobre qué hablarían, la respuesta fue: “Bueno, no puedo decir mucho”. Excepto Thorsten Flinck [el actor protagonista de su versión de El Misántropo en el Royal Dramatic Theatre, con quien tuvo discrepancias], que no tenía nada que perder. Su historia era tan devastadora que me costó creerla. Y encima, algunos pretendían fingir que no ocurrió. “Se lo merecía”, pensaban. Nadie merece algo como lo que le sucedió a Flinck.  

Parece haber esa necesidad de ver a los artistas como personas inmaculadas. ¿Cómo fue intentar cambiar eso?
Como he dicho, me ayudó que él siempre habló de ello. No he inventado nada. No tienes que indagar mucho para encontrar cosas malas sobre Bergman. Todo está en su autobiografía. Es todo su entorno el que repite constantemente que no deberíamos derribar nuestros monumentos. ¡Pero ya está bien! Persona es una obra de arte, no importa que fuese un mal padre. No tiene nada que ver una cosa con la otra.

Pero es complicado porque, como muestras en tu película, nunca supiste si lo que escribió era cierto.
Nunca sabemos si podemos confiar en alguien. Pero él insistía mucho en documentarlo todo (y nuestra pobre editora tuvo que visionar 400 horas de metraje grabado detrás de escena). Yo creo que sabía que se convertiría en un gran artista, por eso documentaba todo. El material ya estaba listo, pero fue difícil de organizar. Cada vez que alguien encontraba una imagen de él con su galleta favorita, hacíamos una fiesta [risas].

(Traducción del inglés)

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