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TORONTO 2018 Platform

Emmanuel Mouret • Director

"La virtud se mezcla con el vicio"

por 

- TORONTO 2018: Emmanuel Mouret evoca la creación de su primera cinta de época, la lograda Mademoiselle de Joncquières, presentada en competición en Toronto

Emmanuel Mouret • Director

Prestrenada mundialmente en la competición Platform del 43er Festival de Toronto, Mademoiselle de Joncquières [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Emmanuel Mouret
ficha del filme
]
narra la venganza sofisticada de una mujer del siglo XVIII.

Cineuropa: ¿Por qué adaptar un episodio de Jacques el fatalista y su maestro, de Diderot?
Emmanuel Mouret: Es un texto que descubrí hace mucho tiempo y que me gusta muchísimo. Es a un tiempo tierno y diabólico, los personajes están llenos de paradojas, la virtud se mezcla con el vicio. Él no expone ideas sobre el amor y la moral, sino que cuestiona estos conceptos hasta el paroxismo. Me he tomado muchas libertades con el texto; he desarrollado partes que no existían y he inventado un personaje, pero he conservado la estructura. Se trata, ante todo, del relato de una venganza. La primera parte sirve para describir el motivo de esta venganza, y por esta razón, me parece muy importante, pues así captamos toda la intensidad del personaje de la marquesa. Para mí era clave empezar por la época en la que el marqués corteja a la marquesa. La adaptación que hizo Bresson, Las damas del bosque de Bolonia, arranca directamente cuando la marquesa interroga al marqués. Yo quería que se percibiera toda la resistencia de la marquesa y la relevancia de que acabe cediendo, y que veamos también al marqués yendo detrás de ella, para que se ponga en valor este trasfondo y tenga su peso sobre el resto el film, especialmente el final. En el texto de Diderot, el principio de la película son una o dos frases.

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El film trata los asuntos del corazón con mucho ingenio.
Es lo bueno de esa época: los personajes no tienen miedo a decir frases ingeniosas. Son inteligentes, saben elegir las palabras, valoran la elocuencia, al igual que la autobservación. Eso me gusta mucho. En nuestra época, y también en los manuales de guion y las escuelas de cine, se dice: "haz que los personajes digan el máximo de cosas con el mínimo de palabras". ¡Es completamente ridículo, es estúpido! Porque es justamente en las palabras donde nos contradecimos, donde lo imaginario y las proyecciones que podemos hacer adquieren su complejidad. Yo he crecido con una pasión por las comedias italianas y estadounidenses, las películas de Mankiewicz, en las que se habla en abundancia; de repente, el silencio adquiere un significado muy fuerte.

La venganza del film es simultáneamente cruel, divertida y dramática. ¿Cómo has evitado caer en una ironía malvada?
Diderot nunca es malvado. La diferencia con, por ejemplo, Las amistades peligrosas, es que Merteuil y Valmont parecen malvados desde el primer momento, y luego, la narración sigue en esa línea. En Mademoiselle de Joncquières, partimos de personajes muy sensibles, mucho menos fríos. El relato de Diderot no es en absoluto cínico: son solo gente atrapada en la trampa del amor, del deseo. Lo que me gusta es que la historia plantea preguntas: podemos responderlas, pero siempre estarán ahí. Los dos personajes principales no están encerrados en una dimensión psicológica, y podemos pasar, como espectadores, del uno al otro, y comprenderlos. 

Con respecto a la puesta en escena, ¿cómo pensabas evitar el mayor riesgo de una cinta de época: parecer de cartón piedra?
No quería que diera una impresión polvorienta, de vejez. ¡Toda época es nueva! Quería conseguir una película muy luminosa; hemos ido un poco contra las convenciones del cine de época. Por ejemplo, utilizando muchos planos secuencias y ballets casi coreografiados en escenas dialogadas que no son en plano-contraplano (aunque este recurso se use inevitablemente en las escenas de comidas), para no caer en la psicología. El plano-contraplano se caracteriza por encerrar a un personaje en su mirada y en una expresividad determinada. No quería que viéramos a los personajes solo de frente, sino también de espalda, de perfil, moviéndose, apareciendo, desapareciendo, que el espectador esté pendiente a lo que pasa en su interior, aunque no se subraye. También quería que se saboreara el juego entre los actores.

Siempre se dice que las películas de época son muy caras. ¿Cómo ha sido conseguir la financiación de esta película tan lograda estéticamente?
Es un presupuesto reducido para un film de época. Había que ser creativo. A veces es positivo no tener mucho dinero, y tuvimos suerte de contar con un equipo que podía dedicar tiempo a la preparación de la película. Pero hemos tenido nuestras limitaciones; por ejemplo, tuve que descartar la mitad de las escenas de las primeras versiones del guion. Al mismo tiempo, eso da como resultado una película más elíptica, más ajustada: al final también salimos ganando. El cine es limitación, y la inspiración, la creación, surge con las limitaciones.

(Traducción del francés)

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