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Florian Henckel von Donnersmarck • Director

Un hombre de gran talla

por 

- Un principiante que se ha demostrado a sí mismo ser un profesional con su ópera prima; estéticamente coherente, emotiva, un cine de gran narrativa proveniente de un joven

Florian Henckel von Donnersmarck • Director

El mundo del cine quedó sorprendido: ¿Quién es ese hombre que destaca entre tantos, que ha demostrado tanta maestría con su primera película para cine, La vida de los otros [+lee también:
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? Florian Henckel von Donnersmarck no es un maestro caído del cielo. Empezó a practicar temprano, a consumir literatura narrativa europea con un tremendo entusiasmo: una "adición a la educación" que lo puso frente a una pubertad desarrollada ("compensación por una falta de tranquilidad"). Descubre el canon completo de la literatura - Thomas Mann, Stefan Zweig, Tolstoy, Dostoyevsky- y pierde el sueño por las noches porque no conoce más que un par de ensayos de Kleist. ¡Necesita las obras completas!

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El deseo de perfección permanece; el deseo de planearlo todo, de llegar a todo y a todos. El público llega en masa (1,3 millones de personas en junio), el Parlamento Alemán asistió al cine e incluso el presidente alemán Koehler viajó a la antigua capital, Bonn, para ver la película junto a un grupo de escolares.

El cineasta de 33 años era consciente de que la dictadura comunista daría de que hablar, y lo que es más, era eso lo que pretendía exactamente. Ningún sistema de espionaje del mundo, el director lo sabe, es tan exhausto como lo era el de la República Democrática Alemana: más de un cuarto de millón de personas trabajaron para la "Seguridad del Estado" (Stasi) para averiguar sobre sus ciudadanos. Ésta es una verdad amarga que ahora, por primera vez- 17 años después de la reunificación de Alemania- se ha examinado en el cine. Donnersmarck no convirtió su material en una película didáctica, sino que apostó por una técnica de personificación emocional. El director experimentó el debate-Stasi "como algo necesario para Alemania, pero también como algo triste. Puedo imaginar que el éxito de Corre, Lola, corre fue una pura razón de celebración para Tom Tykwer. Para mí, existe también un sentido de desesperación en The Lives of Others [+lee también:
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y su victoria se manifiesta. A diario, recibo cartas de gente que me cuenta cómo fue maltratada y cómo se reconoce en la película".

Con característica firmeza, hace frente a veredictos aislados de la crítica que tachan a La vida de los otros de populista, de consensuada: "Como si fuera un argumento contra una película que hace un llamamiento a casi todo el mundo y, de este modo, a gente muy distinta. Supongo que ésos que repiten este veredicto quieren que Alemania cargue con el tipo de mediocridad que ha inducido a tanta "gente consensuada", de Wilhelm Weiller a Wolfgang Petersen, a huir del país. Si se supone que la "película consensuada" significa que es una película "trivial" o incluso "mala", entonces quiero realizar más películas malas y triviales en mi carrera. ¿Qué diría esa crítica de películas como Casablanca o El Padrino II? Deben ser las peores películas de todos los tiempos; absolutamente todo el mundo piensa que son buenas y, en ningún caso, casi todo el mundo. ¡Desearía que The Lives of Others fuera mucho más que una película consensuada!".

Actualmente, Donnersmarck vive en Berlín, pero no pertenece a la llamada "Escuela de Berlín". "No creo en eso de que haya "escuelas" para buenos directores. Dirigir significa establecer el propio gusto de uno como única medida de todo. Y no el de algunos miembros de escuelas o el de algún profesor u otra persona. El término "Escuela de Berlín" es un triste intento de usar la fama de Berlín para crear una virtud innecesaria: la estética de películas insuficientemente financiadas (y por ello, infravaloradas)"

Cuando Donnersmarck recibió su Lola a la Mejor Dirección, dijo muy concisamente: "Alguien tenía que recibirlo". Por supuesto, ahora se encuentra entre los directores más frecuentemente cortejados del país. Todo esto es muy agradable, pero no importante. "Lo único que realmente ha cambiado en mi vida" –dice- "es que he dejado atrás los sentimientos de Don Carlos; en el sentido de que mi vida va pasando año tras año sin que yo sea capaz de crear y encontrar a mi propio público. He perdido el miedo de estar componiendo poesía para el disco duro. Y eso era una preocupación terrible".

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