email print share on facebook share on twitter share on google+

Nothing Personal

por 

- Esta compleja producción holandesa, ganadora de varios premios, gira en torno a una emoción no muy explorada en el cine, la soledad

Nothing Personal

Con la muy elogiada Nothing Personal [+lee también:
tráiler
entrevista: Urszula Antoniak
entrevista: Urszula Antoniak
ficha del filme
]
, ganadora de seis premios en el Festival de Locarno y cuatro Becerros de Oro (los galardones del cine holandés), incluyendo el de mejor película, la realizadora nacida en Polonia pero residente en los Países Bajos Urszula Antoniak se inscribe por derecho propio en la lista de nuevas y talentosas directoras holandesas de cine de autor. Su debut en el cine tras varias películas para la televisión es un inusual retrato de dos personas que desean estar solos (o por lo menos no les preocupa en absoluto estarlo), reconocen esa misma característica en el otro y, paradójicamente, terminan por establecer un vínculo por ello.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

La narrativa en general y el cine en particular dedican muchos esfuerzos a que las motivaciones, las acciones y los pensamientos resulten comprensibles, algo que en la vida real no pasa jamás. El debut de Antoniak rechaza esta noción de modo consciente, algo visible ya desde la escena inicial, donde vemos unas cajas llenas de cosas, representación del pasado de la enigmática protagonista, interpretada con gran intensidad por la holandesa Lotte Verbeek.

Las cajas están fuera de su casa, de la que acaba de mudarse. La siguiente escena nos muestra a la pelirroja mujer en una sucia carretera rural de Irlanda, fotografiada con un gran gusto por el ambiente por Daniël Bouquet. Consigue que la recoja un camionero, pero salta en marcha en cuanto cree que intenta bajarse la cremallera. E conductor para el camión y baja de él, pero ella le lanza un salvaje bufido para disuadirle de que se acerque. ¿Estaba realmente en peligro o quizás su reacción se debe a los hechos que la han impulsado a abandonar su hogar en los Países Bajos?

Con estas dos escenas, breves aunque dirigidas con mano experta, Antoniak demuestra su gran capacidad como narradora visual. Proporciona muchas claves pero no da respuestas claras, del mismo modo con que en la vida real la gente obtiene puntos de vista parciales del resto.

La historia comienza cuando la joven conoce a Martin, un viudo de mediana edad interpretado por el veterano actor irlandés Stephen Rea (Juego de lágrimas). Este sofisticado y solitario hombre vive en una elegante y aislada casa de campo (el rodaje tuvo lugar en la casa de Oscar Wilde). Aunque al inicio se encuentra molesta por las atenciones, motivadas más por la cortesía que por otra cosa, la joven se suelta poco a poco al trabajar para él a cambio de comida y alojamiento (al principio duerme en una endeble tienda de campaña en el jardín).

Martin tiene todas las comodidades posibles, como su gran colección de música clásica y literatura y alimentos suntuosos, todas ellos símbolos de la civilización y de la interacción entre seres humanos. Pero, aunque disfruta de ello y de la relación con la joven, parece igualmente contento pasa su tiempo a solas.

Antoniak desarrolla la relación entre ambos personajes colocando los distintos modo de entender la soledad de uno y otro frente a frente, como un espejo. La de ella es quizás una soledad estricta y auto-impuesta como protección ante un doloroso pasado, mientras que la de él es una hastiada soledad que ha crecido poco a poco a causa de su aislamiento y de su decisión de no volver a casarse.

Las escenas finales, impactantes aunque discretas, son una evocadora transfiguración del tema de la soledad, subrayando de modo narrativo y visual la idea de que conocer realmente a alguien es quizás completamente imposible, pero que no por ello hay que dejar de intentarlo.

(Traducción del inglés)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.