email print share on facebook share on twitter share on google+

La merditude des choses

por 

- Una comedia grave de un radical cineasta de 31 años que ha sido la película revelación de la Quincena de Realizadores de Cannes y candidata belga para el Oscar

La merditude des choses

En 2003, el joven realizador flamenco Félix Van Groeningen llevó a la pantalla su extremismo formal con Steve+Sky, el retrato de un joven camello y una prostituta. Tres años después, regresó con Dagen zonder Lief [+lee también:
tráiler
entrevista: Felix van Groeningen
ficha del filme
]
, dónde seis treintañeras oscilaban entre la indiferencia y la toma de conciencia. Con La merditude des choses [+lee también:
tráiler
entrevista: Felix van Groeningen
ficha del filme
]
, pasa por primera vez a la adaptación de una novela, pero sin abandonar su personal estilo.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

La vida de Gunther Strobbe no es fácil. Por un lado, los continuos rechazos por parte de los los editores a sus novelas . Por otro, su novia, empeñada cueste lo que cueste en tener un hijo. Una vida miserable, en la cual las dos personas que más odia son su madre (“una puta”) y la "perra" que está haciendo crecer, muy a su pesar, el fruto de su semilla. Un salto a los años 80 nos permite comprender poco a poco su presente y su desgracia.

Un Gunther adolescente vive con su abuela en Trouduc-les-Oyes. Su padre y sus tres tíos forman el clan Strobbe, que la santa mujer intenta en vano llevar por el buen camino. La vida se desarrolla entre las paredes de la casa sitiada por los cafés del destartalado poblacho, donde los Strobbe vacían los vasos como si en ello les fuera sus vidas, berrean canciones típicas (“godverdomme”) y obscenas, recorren las carreteras con el culo al aire sobre sus bicicletas, orinan sobre las mujeres infieles, arrastran sus bocazas bajo las mesas y su resaca en las madrugadas … ¡Y hay que decir que estos estupendos actores tienen unas bocazas admirables!

A caballo entre la comedia y el drama, la película elabora el retrato de personajes poco brillantes sin caer en la complacencia o en el cuadro social más detestable. El universo es asumido tal como es, en toda su crudeza y su crueldad, ya que Van Groeningen no utiliza un punto de vista estetizante sino más bien transfigurado por un dispositivo lúdico y poético.

La cámara del realizador no nos ahorra nada, como invadida por los espasmos, los sobresaltos y los hipos de estos chillones alrededor de los cuales rueda. La primera aparición en la pantalla de los hombres de esta familia disfrazados de prostitutas en una fiesta local, anuncia, desde el principio, una apertura al mundo de la transgresión y el exceso, oscilando sin parar entre la belleza y la fealdad, la tristeza y la gracia. Es a través de estos dos sentimientos, llevados al extremo, y cuya frontera apenas se delimita, que se construye La merditude de los choses.

Y es en el exceso en todos los niveles que se asegura el éxito de la película, más con la piel de gallina que a flor de piel. Que se trate de las escenas de borrachera rodadas hasta la náusea o los excesos emocionales ante un concierto de Roy Orbison (el cantante de Pretty Woman) pasando por la violencia del amor que une a un padre a su hijo, la dirección llevada hasta el extremo da a la película toda su exactitud y humanidad. El montaje discontinuo, los flash-back, la imagen a veces revuelta, a veces filtrada por el recuerdo, todo participa a esta estética de la desmesura que viene a inhalar vida, entusiasmo y energía sin desmoronarse nunca.

Y si La merditude des choses parece original en su realista representación de una determinada “belgitude”, su fantasía e imaginario no niegan en absoluto la realidad, sino que la hace aparecer como un objeto poético áspero y truculento.

fuente: Cinergie

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.