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CANNES 2011 Quincena de los Realizadores / Francia

Impardonnables: nadie es perfecto

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Impardonnables: nadie es perfecto

"Para ser un escritor de novelas policiacas, usted en la vida es un tanto estúpido", se oye decir a Francis (André Dussollier) en Impardonnables [+lee también:
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, de André Téchiné, una película de escritores (adaptación de una novela de Philippe Dijan) cuya trama está muy bien delimitada pero resulta francamente desbordante, casi demasiado inspirada. El tema, que se resume en esta ocurrencia (los errores del protagonista), encuentra, en efecto, numerosas variaciones en las otras figuras de la película, que evocan el plural del título y lo desmienten a la vez, ya que, al fin y al cabo, nadie es perfecto, hasta el punto de que tenemos ganas de perdonarlos a todos, Téchiné incluido.

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Francis, escritor, busca el lugar perfecto (entre naturaleza y cultura) para concebir su próxima obra. Allí se enamora de Judith (Carole Bouquet), una ex modelo con un pasado homosexual (su antigua amante es Anna María, detective privada jubilada) reconvertida en agente inmobiliaria en Venecia, donde le encuentra una “isla destartalada” cerca de la célebre laguna. La película está ambientada en una Venecia que no es la de los turistas y de las películas pero que se siente siempre presente. De paseos en barco a agresiones en sus callejones estrechos y al ritmo de las estaciones que se suceden tan implacablemente que ya no contamos los años que pasan, las carencias de Francis se hacen cada vez más presentes, primero como escritor (no puede escribir cuando está enamorado), luego como padre y como marido.

Durante una visita, su hija Alice (Melania Thierry) fruto de un matrimonio fracasado y también madre, desaparece, y la investigación, a cuenta de Anna María, acaba por revelar que realmente fue una "fuga", poco característica de su edad, por el amor que sentía por un aristócrata veneciano sin dinero que vive del tráficos de estupefacientes y otras mercancías falsas. Como padre (de Jérémie, el hijo delincuente que rehuye violentamente todo contacto con Anna María), Francis tampoco está a la altura, igual que todos los padres de la película por otra parte, salvo Judith, que nunca tuvo hijos: su gran error, precisamente. Como esposo incita a Judith al adulterio al hacerla seguir por Jérémie (no porque los buenos maridos tengan más suerte: el de Alice, "demasiado tranquilizador", no es un buen amante).

Lo que este resumen muy simplificado muestra es que los defectos se transmiten de un personaje a otro como un contagio. El escritor no es el único que falla. Los malos padres tienen, en general, malos hijos, por lo que Francis incluso considera con humor que sería necesario “prohibir la procreación”. El caso es que los personajes tienen una tendencia paradójica a emplear términos jurídicos, a buscar una cierta "integridad", y la pena que les causan sus errores (incluso si deben soportar las consecuencias de sus actos al ir hasta el extremo de sus excesos), además de su voluntad de corregirse, son, sin embargo, conmovedores. Al mismo tiempo, le perdonaremos de buena gana al autor el placer que tomó al desarrollar ampliamente su tema, alimentar su película con citas y navegar sobre unas aguas venecianas casi siempre soleadas.

(Traducción del francés)

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