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Sister

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- Tras su aplaudido debut en Cannes, Ursula Meier se consagra con una película social en la que brillan los jóvenes Kacey Mottet Klein y Léa Seydoux. Premio especial del jurado en Berlín.

Sister

El segundo largometraje de Ursula Meier, Sister [+lee también:
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, fue el encargado de abrir la quinta jornada de competición en Berlín con su historia de un crío de 12 años que supera los obstáculos de la vida como si llevase botas de esquí: penosamente pero con innegable tenacidad.

Aunque Meier no se haya inspirado directamente en ellos, la película, a lomos de una conmovedora pareja de actores (Kacey Mottet Klein encarna al joven Simon y Léa Seydoux, a su irresponsable hermana mayor, Louise), evoca claramente el cine de los hermanos Dardenne por la sobriedad con que retrata la dura existencia del joven protagonista y la contención con que expresa sus emociones. La cinta, no obstante, también se caracteriza por una abundante intentiva a imagen y semejanza del ingenio de Simon, lo que responde a la intención de la directora de situar su historia a medio camino entre el realismo y la fábula.

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Simon vive en la Suiza industrial y pobre "de abajo" con una hermana que se ausenta tan a menudo que el niño teme siempre no verla volver. Cada día, sube en teleférico a la Suiza de arriba, la de las estaciones de esquí reservadas a los pudientes. Por muy autóctono que sea y por mucho que conozca el material de montaña, nunca lo vemos en las pistas; Simon hace su vida entre los bastidores del teatro del ocio (baños, guardarropas, etc.). Allí, en lo alto de las montañas, puede inventarse otra vida, imaginar que tiene unos padres ricos, hacerse pasar por un turista preguntar qué tal está la nieve; también le sirve para robar guantes, gafas y esquís de gente que los volvería a comprar directamente en lugar de buscarlos, hurgar en los equipos de supervivencia de los ricos y en sus mochilas, que contienen dinero y tentempiés, para asegurar el alimento propio y de Louise. El propio Simon confiesa a un empleado de un restaurante que no roba para caprichos sino para costearse el papel higiénico, el pan…

Más allá de la necesidad, el pequeño y descarado pícaro usa el dinero que consigue revendiendo el material a gente menos pudiente para conservar a su hermana a su lado. No colecciona billetes u objetos que le interesen. El dinero no es más que moneda de cambio para recibir afecto. Esto lo vemos cuando hace regalos a su hermana, cuando regatea una caricia por 180 francos o cuando quiere pagar a una madre esquiadora que lo ha invitado a comer y a la que se presentó diciendo: "Me llamo Julien, como su hijo".

Tras la historia de Simon se esconde la historia de una madre que no quiso a su hijo, una historia que da lugar al mayor golpe de efecto de la película. El enclenque crío, con las responsabilidades de un adulto (adquiere un horno, lava la ropa, enseña a su hermana a encerar esquís para conseguirle un trabajo…) es sencillamente un niño que desea tener una madre: alguien con quien celebrar la Navidad en lugar de pasarla en solitario mirando por el balcón el árbol que ha decorado en vano.

(Traducción del francés)

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