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Miel

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- La eutanasia es la protagonista de una película sobria y lineal que muestra el sentido de la espiritualidad.

Miel

"Una película que trata el tema que por excelencia nuestra época ha borrado: la muerte", decía Lietta Tornabuoni en su última crítica antes de morir, de la película Kill Me Please [+lee también:
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, de Olias Barco. En Miel [+lee también:
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, su complejo debut como directora, la actriz Valeria Golino trata el mismo argumento, la eutanasia, consciente, como ella misma ha dicho, de hacerlo después de dos películas como Amour [+lee también:
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, de sendos maestros como Michael Haneke y Marco Bellocchio respectivamente: "Demasiado grandes para preocuparme".

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Para su versión del dolor, la muerte y la vida, Golino ha elegido la historia sobria y lineal del libro de Mauro Covacich A nome mio, que ha sido adaptada por la propia directora con Francesca Marciano e Velia Santella y producida por su compañía, Buena Onda, fundada junto a Riccardo Scamarcio y Viola Prestieri.

El alter ego de la directora es Jasmine Trinca, en su papel más maduro. Interpreta a Irene, también conocida como Miel, una joven que ayuda a enfermos terminales a que terminen con su existencia. Lo hace por dinero. O, mejor dicho, cobra por hacerlo. Recibe de vez en cuando un nombre y una dirección por parte de un médico (Libero De Rienzo), que forma parte de una pequeña red secreta que practica la eutanasia. Entonces, coge una avión hasta Los Ángeles, cruza la frontera hasta México, entra en una farmacia distinta y compra dos cajas de Lamputal, un veneno para animales. "Para mi perro, está muy viejo y enfermo", explica. Luego, vuelve a Italia. A sus "clientes" pregunta de una manera casi ritual si están realmente convencidos de querer morir y acompaña sus últimos instantes con su canción favorita.

Casi una acto rutinario, si no fuese por esa necesidad de sumergirse en el mar incluso en invierno y nadar lejos del mundo real. Y si no fuese por ese corazón loco, no una enfermedad, sino una arritmia cardiaca que se asemeja a la migraña del protagonista de Il Divo [+lee también:
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, de Paolo Sorrentino, una respuesta psicosomática a los entramados políticos y las culpas que se le atribuyen. Para Irene es la respuesta al horror del oficio que ha elegido. Su vida privada está hecha de relaciones falsas y mentiras. Miente a su padre y a su pareja (Vinicio Marchioni), sale por la noche y flirtea con desconocidos. Una existencia casi indiferente, como si fuese un asesino a la espera de la "llamada"

En uno de sus trabajos, conoce a un paciente distinto, Grimaldi (un extraordinario Carlo Cecchi), que ha elegido morir no porque esté enfermo sino por una total falta de interés hacia la vida. Una crisis se cierne sobre Irene. La que hasta entonces era una misión deja de tener sentido. Mientras realiza el enésimo suicidio asistido, de un joven paralítico, Miel se derrumba: "En estos tres años no he visto a nadie que quisiese morir, todos querían vivir... pero no podía", dice a Grimaldi. Y de repente la película se acerca a la espiritualidad de una manera insospechada en una película tan laica como ésta hasta ese momento.

La dirección es consciente y sagaz. El montaje de sonido es extraordinario y la fotografía de Gergely Pohárnok, deslumbrante. Valeria es una actriz curiosa que parece haber capturado en su ADN artístico los movimientos en el plató de los directores con quienes ha trabajado, como Emanuele Crialese, Barry Levinson, Margarethe von Trotta, Jerzy Skolimowski, John Frankenheimer, Gabriele Salvatores, Mike Figgis, Silvio Soldini, Julie Taymor, Antonio Capuano o Krzysztof Zanussi. Valeria es una actriz y sus ojos se concentran especialmente en el cuerpo de Jasmine Trinca, con encuadres que empujan los protagonistas a los márgenes de la imagen. Y se hace con nuestra atención.

(Traducción del italiano)

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