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L'Intrepido

por 

- Gianni Amelio se decanta por el surrealista sentido del humor de Antonio Albanese para mostrar la Italia de nuestros días.

L'Intrepido

Gianni Amelio se ha decantado por el sentido del humor surrealista de Antonio Albanese para retratar las ruinas de un país, o quizás de un mundo, que se ha quedado sin pegamento suficiente para mantener unidos todos sus trozos. Amelia ha realizado a la medida del actor el guión de L'intrepido [+lee también:
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, presentado a competición en el Festival de Venecia, quizás por la necesidad de un final feliz, como ha admitido el propio director, con le que contrarrestar los desastres que cada día pueblan los periódicos.

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Así, el intrépidoAlbanese se asume la responsabilidad de dar su apoyo a quienes tendrán que reconstruir el futuro a partir de esas ruinas. L'intrepido comienza como una comedia protagonizada por su hombre de 50 años llamado Antonio Pane (clara referencia a la bondad de su carácter) que trabaja en Milán como “parche”. Es decir, sustituye durante un día a una persona que por una razón u otra no puede ir al trabajo y no quiere perderlo. Cada día hace tiene un oficio distinto: obrero, camarero, descargador en el mercado de pescado, conductor de tranvías, cuidador, anunciante. Lo hace para el turbio propietario de un gimnasio, sin que le dé ni siquiera su parte. Pero Antonio, que en la escena donde trabaja en una lavandería cita explícitamente a Charlie Chaplin, no deja de sonreir. Sonríe a su hijo de veinte años Ivo (interpretado por el músico Gabriele Rendina), un atormentado saxofonista que le ayuda económicamente. Sonríe a la joven Lucia (Livia Rossi), que ha conocido en uno de esos concursos donde no se gana nunca y que no puede esconder su malestar.

Pero la comedia de este hombre que sonríe para no admitir que es un perdedor, que no ha conseguido nada en su vida, se transforma lentamente en un drama inquietante. Las señales son evidentes: su deshonesto jefe le dice que acompañe un silencioso niño hasta un parque, donde lo recoge un anciano que quizás no sea el abuelo o el tío. Descubre que la tienda de zapatos es la que Antonio ha sido contratado por la nueva pareja de su ex mujer sirve para reciclar dinero negro. La joven Lucia decide terminar con todo. Demasiado para Antonio. Y quizás la solución sea irse a trabajar como minero en Albania (un regreso simbólico de Amelio a Lamerica, 1994). La esperanza recae en los hijos y será el “parche” de Ivo, al cual entregará el incómodo testigo de una generación fallida.

Tras la paréntesis literaria de Il primo uomo, basada en “El primer hombre”, de Albert Camus, Amelio vuelve a los temas sociales de sus películas precedentes. La dirección de un maestro del cine, acompañado por la fotografía de Luca Bigazzi, no sirve para solucionar la indefinición de este tentativo. Y los diálogos poco naturales y la falta de credibilidad de algunos giros narrativos se ven compensados tan sólo por la grotesca y bizarra simpatía deAntonio Abanese.

(Traducción del italiano)

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