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BERLÍN 2017 Competición

En cuerpo y alma: un despertar sensorial de los sentimientos

por 

- BERLÍN 2017: La directora húngara lldikó Enyedi envuelve su historia de una increíble delicadeza sobre un contexto empírico rudo y poderoso

En cuerpo y alma: un despertar sensorial de los sentimientos
Alexandra Borbély y Géza Morcsányi en En cuerpo y alma

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ficha del filme
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, presentada por la húngara lldikó Enyedi a concurso en el 67º festival de Berlín, arranca con una escena sublime: en la azulada luz de un bosque nevado de cuento de hadas, venado y cierva se buscan y olfatean, serenamente, a la vez que percibimos sus pasos pesados sobre el suelo y el silencio de la naturaleza a su alrededor. El impacto sensorial de este primer momento tranquilamente poderoso y físico marca el tono del resto de la cinta. A este comienzo siguen inmediatamente escenas de la vida de un matadero bovino, miradas inquietas, ruidos, máquinas y cuerpos. Es un universo del que se desprende una rudeza tanto como una vitalidad bruta que ensalza por contraste la delicadeza de los sentimientos que se pondrán en marcha durante el film, en un universo fuerte y perturbador en lo sensorial que permite asimismo a la directora presentar un diálogo bastante magnífico entre los hombres y el mundo animal, tanto en sus comportamientos gregarios como en su soledad existencial.

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En este contexto, un tímido vínculo empezará a tejerse entre el director financiero Endre (Géza Morcsányi) y la nueva empleada Maria (Alexandra Borbély), cuya meticulosidad y cuya memoria perfecta, casi de autista, van de acuerdo con su misión de responsable de los controles de calidad, aunque la convierten en un ser totalmente inadaptado a la sociedad de los humanos: esos que cotillean a baja voz en las neveras mientras a ella la vemos tras el cristal de su puerta, sentada frente a sus pantallas de control, inmóvil y recta como una i. Endre, sin embargo, es diferente a los demás. Aunque es un poco mayor, también tiene un handicap, físico, y, sobre todo, Maria y él se percatan de que se dan cita en sueños. 

A partir de esa conexión poética entre dos soledades emparedadas, la cinta desprende lenta y tímida como una flor que abre sus pétalos sensaciones y emociones que Maria empieza a buscar en sí misma, para dar en su sensibilidad con la pura serenidad de las noches de la cierva entre los árboles, a la vez que nosotros vigilamos hasta la más mínima mirada o movimiento, cualquier ruido (el trabajo de sonido es extraordinario), las manos que se atreven poco a poco a tocar y sentir.

La descripción, en el decorado glacial y brutal del matadero, de este despertar frágil incitado por algo absoluto (el deseo de satisfacer un sueño, de alcanzar ese amor que trasciende la más dolorosa de las barreras) resulta aún más conmovedor porque marida con la minuciosidad habitual de Maria, que en cierto sentido encarna la inocencia, la insensibilidad a una sensibilidad por el detalle (lo que da lugar a escenas muy hermosas, durante las que vemos poco a poco una sonrisa que aparece en unos labios al principio paralizados por la timidez y la inadecuación, en especial en un momento que podría haber resultado trágico pero que acaba rezumando humor). El gesto más revelador del advenimiento de la felicidad, en torno a una mesa de desayuno, es el que hará que Maria muestre que por fin es sensible a los sentimientos propios y ajenos hasta el punto de ser capaz de fingir que no ha visto nada.

En cuerpo y alma es una producción de Inforg-M&M Film con el apoyo del Hungarian Film Fund. La alemana Films Boutique gestiona sus ventas internacionales.

(Traducción del francés)

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