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BERLÍN 2017 Panorama

From the Balcony: lo ínfimo y lo inmenso, visto desde un balcón

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- BERLÍN 2017: A través de un diario íntimo en el que revela sus pensamientos más secretos, Ole Giæver, un punto minúsculo en el universo, nos habla de nosotros, de la vida en su conjunto

From the Balcony: lo ínfimo y lo inmenso, visto desde un balcón
Ole Giæver en From the Balcony

El paseo y la ensoñación solitaria eran ya centrales en sus dos cintas anteriores, pero en From the Balcony [+lee también:
tráiler
entrevista: Ole Giæver
ficha del filme
]
, proyectada en el Panorama de la Berlinale, es el transcurso de la vida y sus reflexiones más íntimas sobre la existencia lo que nos presenta el noruego Ole Giæver, un joven padre afincado en Oslo, perteneciente a la generación que creció entre libros e internet, un punto ínfimo en el espacio y el tiempo del universo. Y acompañándole —a través de un colaje de fotografías, vídeos de familia, escenas filmadas a propósito para la película e incluso pasajes cortos de animación, divertidos y llenos de frescura— en la juventud, la adolescencia, la vida familiar, en todo lo que supone una vida humana, en este caso, la de este individuo concreto, que declara haberse sentido siempre desapegado del mundo, nos encontramos, como él, “en medio del camino de nuestra vida”. Su singularidad, maravillosa y absurda ante la inmensidad, nos remite a la nuestra propia, y a la de todos aquellos que nos han precedido y que vendrán después; ¿no tiene cada ser humano su propia manera de reír, parecida a ninguna otra? 

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Si Giæver consigue que se muevan dentro del espectador fibras profundamente enraizadas en la experiencia de la condición humana, es porque él se desvela por entero, exponiendo su vida interior de un modo tan sincero y total que pasa a ser universal. Procediendo como Montaigne, el cineasta rebusca en lo más profundo de su verdad íntima y comparte con nosotros, en un mismo movimiento, confesiones y reflexiones cuya exactitud humana, existencial y emocional (ya se trate de pequeños detalles de la vida cotidiana o de cuestiones vastas que obsesionan al ser humano desde que es sapiens) resulta estremecedora en ciertos momentos. 

El realizador y protagonista del film describe el entierro de un amigo muy querido, que se convirtió, por la simple presencia, no muy lejos de él, de una chica de su colegio, en la oportunidad para llamar la atención de esta mostrándose lo más triste posible. Recuerda cómo pensaba, cuando estaba en el instituto, que algún día llegaría a ser alguien. Evoca esa impresión de repetición incesante de la vida cotidiana que se va acrecentando con el paso de los años, supone que ser amado es una finalidad secreta también para los otros, observa cómo sus hijos se han transformado ya en individuos, con un mundo interior al que nunca tendrá acceso. Reconoe que, en ocasiones, espera a que la vida pase. Cuenta la emoción de sus padres al ver el boletín de notas de su hijo, en el que el profesor habla muy bien de él, y subraya que ellos no tenían lágrimas en los ojos porque el comentario fuera bueno o porque se lo hubieran hecho a su nieto, sino que “se trataba de ser visto”. 

Rodando con la cámara al hombro, Giæver parece ver a través de nosotros —cada uno y todos—, con nuestras vidas, minúsculas y grandes, efímeras y bellas, como esa imagen a cámara lenta en la que sus hijos saltan en la cama elástica, o esa en la que el sol declinante, rojo como el fuego, acaba desapareciendo tras el muro del balcón.

La película ha sido producida por Mer Film

(Traducción del francés)

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