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LOCARNO 2017 Cineastas del presente

Scary Mother: la familia como incubadora de monstruos

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- LOCARNO 2017: En su primer largometraje, proyectado en el certamen suizo, la georgiana Ana Urushadze aborda las restricciones que la sociedad y las familias imponen a mujeres, madres y esposas

Scary Mother: la familia como incubadora de monstruos
Nato Murvanidze en Scary Mother

Después de dos cortometrajes y graduarse en la histórica universidad de cine y teatro Shota Rustaveli, la georgiana Ana Urushadze ha estrenado a escala mundial en la sección Cineastas del presente del 70º festival de cine de Locarno su primer largometraje, Scary Mother [+lee también:
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, centrado en la posición y el papel de las mujeres en la sociedad de su país actualmente.

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Manana (Nato Murvanidze) es una ama de casa de unos 50 años de edad que tiene una pasión desenfrenada por la escritura. Nadie en su familia la respalda realmente en su voluntad de hacerse escritora pero prefieren tolerar esta “extravagancia” suya; el primero de ellos, su marido y mayor crítico, Anri (Dimitri Tatishvili). Un día, Manana decide leer a su familia el libro que ha estado escribiendo en secreto. Aquello significará la intersección de los elementos de su ficción con los de su verdadera vida. Su único apoyo será el propietario de una tienda del lugar, Nukri (Ramaz Ioseliani), quien cree en ella y opina que lo que ha escrito es magistral. Desde ese momento, Manana poco a poco se va alejando de su papel de madre atenta y esposa defensora sin atenerse especialmente a las consecuencias de su comportamiento.

Manana depende totalmente de su familia y de sus exigencias. A menudo la juzgan  por su aspecto, sus ideas, sus necesidades y sus actos. En su intento de escapar de este entorno opresor, donde todos dan por sentado su rol, sentirá cada vez con más fuerza su marginación. El hecho de que siga golpeando las teclas y sienta inspiración a raíz de elementos mundanos de su casa, como los azulejos de su casa, no hace sino levantar sospechas entre los suyos. La realidad frustra todo intento de deslizarse por fuera de los estereotipos de la vida de la clase media que la obligan a tener, lo que la lleva a mezclar sus mundos fantásticos con la realidad. Manana debe evolucionar y expulsar el personaje transparente que la vuelve invisible. Teme convertirse en Manananggal, una criatura mítica de las Filipinas que adquiere la forma de una mujer que, a su vez, se convierte en un monstruo chupasangre de una noche a otra. Lo único que necesita es que la escuchan pero está permanentemente confinada en su esquina. Después de ser el núcleo social, la familia empieza a convertirse en un incubador del miedo, el terror y la monstruosidad.

Urushadze, autora asimismo del guion, retrata el recorrido de una mujer inicialmente incomprendida en su teórica crisis de la edad adulta. Lo impresionante es cómo se desarrolla la historia hasta erigirse en comentario social de aquello a lo que obligan a soportar a una mujer, a saber, todo lo que se acepta en la realidad actual de Georgia. A pesar del fino equilibrio de los elementos ligeramente absurdos y amargamente irónicos, Scary Mother es, se diría, un drama realista arquetípico que pone el dedo en todas las llagas. La heroína, encarnada estupendamente por Murvanidze, podría ser cualquier mujer en cualquier situación en que padezca insultos de manera cotidiana. Es una marginada obligada a soportar y apoyar a su familia, se trate de su meta en la vida o no y engendre o no un nuevo monstruo, más autodestructivo que peligroso.

Todo se encuadra en el entorno urbano postsoviético de una Tbilisi casi distópica, magníficamente fotografiada por Konstantine-Mindia Esadze. El enclave dota de mayor textura la imagen gracias a la paleta de colores empleada, que crea un sentido tanto de proximidad como de distancia con los personajes. Scary Mother es un valiente primer largometraje sobre un tema que, aunque ha sido objeto de numerosos enfoques, disfruta aquí de la perspectiva única de Ana Urushadze, que sale de la cinta como una directora a seguir.

Scary Mother es una coproducción entre Georgia y Estonia a cargo del equipo de la celebrada Brides [+lee también:
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(2014): Lasha Khalvashi (Studio Artizm), Tinatin Kajrishvili (Gemini) e Ivo Felt (Allfilm), que también coprodujo Mandarinas [+lee también:
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(2013), dirigida por el padre de la cineasta, Zaza UrushadzeArtizm se ocupa de las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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