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SAN SEBASTIÁN 2017 Competición

La Douleur: el rostro de la aflicción

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- SAN SEBASTIÁN 2017: El francés Emmanuel Finkiel indaga en las vivencias de Marguerite Duras adaptando su novela de 1985 con un estilo impresionista, reflexivo y grave

La Douleur: el rostro de la aflicción
Mélanie Thierry en La Douleur

Marguerite Duras, figura imprescindible en la literatura francesa del siglo XX, también es, ella misma, un gran personaje. Tras haber nacido en la Indochina francesa en 1914, Duras estudió y trabajó en Francia, y vivió en París durante la ocupación nazi, años en los que participó activamente en la Resistencia francesa. Décadas más tarde, después de haber publicado un gran número de obras literarias y experimentado con el cine (de ella es el guion de la seminal Hiroshima, mon amour de Alain Resnais en 1958, y la dirección de un puñado de títulos como Nathalie Granger o India Song), la escritora decidió volver a recordar sus vivencias durante la II Guerra Mundial, y a plasmarlas en papel. Su obra publicada en 1985 es la base de La Douleur [+lee también:
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entrevista: Emmanuel Finkiel
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, la nueva película de su compatriota Emmanuel Finkiel, que compite por la Concha de Oro en el 65° Festival de San Sebastián.

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El director de la reciente Je ne suis pas un salaud [+lee también:
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, que había ganado el Premio Jean Vigo en 2008 por Nulle part terre promise [+lee también:
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, se pega así a la voz de Duras para intentar darle una forma cinematográfica, traducir a imágenes sus recuerdos de una época claustrofóbica y devastadora. Y el rostro que los vehiculan es el de Mélanie Thierry, entregada en una desgarrada interpretación de las que se llevan premios. La cinta, pues, comienza tras el arresto de su marido, el intelectual Robert Antelme (Emmanuel Bourdieu), también miembro de la Resistencia. Duras se las ve y se las desea para contactar con él, o saber lo más mínimo sobre él, hasta que se cruza en su camino un colaboracionista, Pierre Rabier (Benoît Magimel), que bajo una capa de fría cordialidad y afecto, podría (o no) estar ayudándole a hacerlo.

En esta primera parte, más narrativa y convencional, más cercana a una producción de época al uso, Finkiel expone ya el tormento interior de Duras, permitiéndose de vez en cuando ráfagas impresionistas de imágenes sobre las que se escucha el monólogo interno de la mujer, lírico y profundo, dolorido y apesadumbrado. Es una vez que Rabier desaparece de la historia (a la vez que lo hace la ocupación nazi) que La Douleur da rienda suelta a una película más reflexiva, poética y, todo sea dicho, con tal peso que puede a veces girar la balanza hacia el lado no deseado.

Finkiel se concentra aquí en la aflicción de Duras, retratando su interminable espera con desdoblamientos puntuales (y visualmente literales) de la Duras escritora y la Duras personaje. La película se aventura en un grave serpenteo por las reflexiones de la escritora, apoyándose también en el dolor y las caras de las demás mujeres que esperan impacientes a sus maridos deportados. Un camino que recorre el paso del tiempo con herramientas visuales como los reflejos, las imágenes veladas y los claroscuros, como intentando escapar de la representación directa del dolor, tras la vuelta de los deportados a los campos de concentración (en sus propias palabras, “la palabra no es capaz de decir lo que los ojos han visto”).

La Douleur, producida por Les Films du Poisson y Cinéfrance, está vendida al extranjero por TF1 Studio.

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