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RÓTERDAM 2018 Voices

La odisea trágica de Jimmie

por 

- Jesper Ganslandt imagina un mundo en el que los refugiados serían los norteuropeos en la película encargada de inaugurar el festival internacional de cine de Róterdam en la sección Voices

La odisea trágica de Jimmie

La idea de fondo de Jimmie [+lee también:
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ficha del filme
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no está mal: ¿y si fuéramos nosotros los que tuviéramos que marcharnos? El sueco Jesper Ganslandt, que presenta su nuevo trabajo en la sección Voices del festival internacional de cine de Róterdam, imagina una Suecia en guerra que obliga a sus habitantes a abandonar el país, tratando así de hacer que los espectadores blancos se pongan en la piel de los millones de refugiados que deben dejar su tierra para venir a Europa.

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Y la imagina sobre todo desde el punto de vista de un niño de cuatro años, Jimmie, que emprende el viaje de la esperanza únicamente con el padre, a través de una Europa llena de policía fronteriza, muy próximo a la realidad de nuestros días. La puesta en escena es característica del cine de hoy: colores fríos, diálogos susurrados, música alta en busca de la emoción del público y cámara en mano en las situaciones de tensión.

Esta estética d'essai acompaña una película pseudoprogresista que afronta el problema de la inmigración de manera superficial, lo que comprobamos ya en las primeras tomas, donde la cámara flota mientras Jimmie llama inútilmente a su padre, o en algunas fallas evidentes del guión, como en la escena en que unos inmigrantes suecos pasan un control de policía con la excusa de la semana blanca: inmigrantes educados y amables hasta en las situaciones más extremas, inmigrantes modélicos, mejores que otros, vaya.

Jimmie y su padre (interpretados por el mismo Ganslandt y su propio hijo) cruzan varios países europeos y este expediente narrativo permite al director describir la caza al hombre a manos de varios cuerpos especiales de policía, sin despegar la cámara del rostro del niño, no sabemos si para captar sus estados de ánimo o para invitar a la compasión. Entran en escena también otras familias de refugiados, si bien de ellos no sabemos nada: sus historias no tienen importancia para el director, que lo confunde todo y pide al espectador el esfuerzo de imaginar para entender lo que ocurre.

En conclusión, Jimmie da la impresión de ser una película dejada a medias. Las nobles intenciones del autor a la hora de tratar de agitar conciencias de espectadores burgueses norteuropeos plantea otros interrogantes: cómo puede ser que haya que poner a rubios en pantalla para fomentar la solidaridad y entender las razones de personas que no son rubias pero emigran a causa de desastres provocados por los antecesores del niño blanco Jimmie.

Jimmie es una producción de Juan Pablo LibossartJesper KurlandskyHedvig Lundgren, Jesper Ganslandt y Fasad AB, que, además, gestionará sus ventas internacionales.

(Traducción del italiano)

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