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SOLEURA 2018

Tranquillo: el día a día de una generación en búsqueda de una identidad

por 

- El primer largometraje del joven director de Zurich Jonathan Jäggi, proyectado en las Jornadas de Soleura, es un retrato realista de una generación perdida

Tranquillo: el día a día de una generación en búsqueda de una identidad
Tobias Bienz y Sandra Zellweger en Tranquillo

El director autodidacta Jonathan Jäggi ha alimentado la imaginación de la audiencia en las Jornadas de Soleura con Tranquillo [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, un retrato realista de una generación perdida.

Peter (Tobias Bienz) tiene 25 años y vive una vida que algunos describirían como monótona con su trabajo estable y las fiestas previsiblemente esporádicas que organiza junto a sus amigos. Mediante su personalidad ambigua pero a la vez intrigante, es considerado un “líder” y disfruta del respeto de su círculo de amigos y su novia con quien comparte un apartamento anónimo aunque con estilo en las afueras de la ciudad.

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Pero todo cambia cuando a Peter le diagnostican tinnitus, una enfermedad psicológicamente debilitante que lo hace aislarse cada vez más. Decidido a cambiar su vida, Peter deja a su novia y se vuelve cercano a un grupo de altermundistas quienes lo hacen probar una vida nueva, una forma diferente de existencia. ¿El cambio es posible? ¿Qué haces cuando la vida cotidiana de repente parece hostil contigo? Peter debe enfrentar su lado oscuro, el producto de vivir en una sociedad donde las debilidades no están permitidas.

El joven director, Jonathan Jäggi, está hablando sobre su generación, observando y conformando una realidad cotidiana que le resulta muy familiar. Entre los días de apatía en el trabajo y tras pasar noches sin descanso en búsqueda de una vía de escape, los personajes principales de Tranquillo vagan por su ciudad. Nuestros antihéroes están perdidos en una realidad cotidiana efímera que, desde su punto de vista, usualmente no es más que banal. Cada uno de ellos lidia con el presente a su manera: ya sea al aceptar y sentar cabeza sin convicción por lo que creen que es una vida “normal” (por ejemplo, los amigos de Peter, al dividir su tiempo entre sus trabajos estables y las fiestas) o al rechazar las reglas del juego (según la nueva “comunidad” a la que Peter ahora quiere pertenecer).

A menudo, la ingenuidad de los personajes es divertida; están convencidos de que son “diferentes” y “alternativos” cuando, en realidad, sólo son un grupo de veinteañeros en búsqueda de una identidad para reclamar como suya. Sienten enojo hacia una sociedad con la que no pueden identificarse en ninguna medida y, en cierto sentido, sus acciones son una consecuencia directa de este malestar.

Aunque Jäggi parece decidido a transmitir un mensaje de malestar universal, Tranquillo sin dudas es una película suiza, tanto por lo que respecta a su ubicación –las afueras de la ciudad son arquitectónicamente brutales pero fascinantes y también extremadamente limpias, lo que contrasta claramente con el centro– como a sus temas y específicamente la paradoja presentada por una forma de bienestar que es reconfortante y sofocante al mismo tiempo.   

A través de su dirección espontánea y clara y su elenco indudablemente exitoso, Tranquillo, da en el clavo: trae a la luz un malestar oculto, evitado y negado, pero que puede tener un efecto verdaderamente destructivo si no se lo reconoce y enfrenta.

La película no es perfecta, pero  su imperfección es lo que realmente la hace funcionar: el enfoque audaz e “independiente” de Jäggi le da misterio e intriga a la misma. Un director para mirar…

Tranquillo fue producida por Letterbox Collective Filmproduktion.

(Traducción por Joel Dergal)

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