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BERLÍN 2018 Panorama

Crítica: Yardie

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- BERLÍN 2018: Idris Elba adapta para la gran pantalla la novela de culto de Victor Headley, demostrando que será igual de prometedor tras la cámara que delante de ella

Crítica: Yardie
Riaze Foster y Aml Ameen en Yardie

Idris Elba se convirtió en una superestrella internacional tras su brillante actuación en The Wire (Bajo escucha), la popular serie de HBO que analizaba el submundo criminal de Baltimore. Ahora, como director, también quiere beneficiarse del drama de las historias de crímenes: con Yardie [+lee también:
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, su -en ocasiones- fascinante debut como director que se proyecta en la sección Panorama del Festival de Berlín, Elba regresa a las calles de su propia juventud, en el East End de Londres, para adaptar la popular novela homónima de Victor Headley. Es la historia de D (Aml Ameen), un macarra jamaicano que es enviado a Londres por su propia seguridad, pero solo va de mal en peor, ya que se ve envuelto en el mundo de las drogas londinense. En su primer largometraje, Elba promete ser tan bueno tras la cámara como lo es delante de ella.

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La parte más convincente de Yardie es la que transcurre en Kingston, Jamaica, donde experimentamos el complicado mundo de D a través de la gama de colores fuertes y vivos del director de fotografía John Conroy y el ritmo frenético de una excelente banda sonora inspirada por el reggae. Elba acierta cuando opta por no entrar en detalles en lo relativo a la agitación política a nivel gubernamental, las bandas de narcotraficantes de Jamaica, o en cómo el impacto y el éxito del reggae otorgó a la población un sentimiento de identidad y de orgullo; en lugar de eso, solo sugiere esta agitación, mientras asistimos al ascenso y la caída de D, un atractivo joven que nunca ha superado la muerte de su hermano, y cuya felicidad proviene de su novia Yvonne (Shantol Jackson) y de su hija – esto es, hasta que viajan a Inglaterra en busca de “una vida mejor”, mientras que D se queda atrás intentando -y no logrando- hacer que el crimen compense.

Una vez llegamos a Londres, lo que lleva el peso de la película es la relación entre Yvonne y D. Son una pareja encantadora, cada cual con su propia opinión sobre cómo salir adelante y crear el mejor entorno para que crezca su hija. Hay que alabar al director artístico Damien Creagh por recrear los interiores de un bloque de viviendas protegidas de los 80. Pero aparte de una actuación extremadamente desequilibrada por parte de Stephen Graham, el relato criminal de Londres carece de la energía y el mal presentimiento propios de las escenas en Kingston, aunque es de elogiar que Elba intente evitar los tópicos de las películas británicas de gángsteres. La historia también pierde fuelle en su intento de mantener la temática musical con una batalla de DJs, pero en general, la ejecución narrativa es lo suficientemente confusa como para que la revelación que D descubre sobre su vida en Kingston mientras está en Londres parezca poco desarrollada. Elba tiene más éxito con los torpes cómplices de fechorías de D, que perfectamente podrían ser personajes de una comedia de Ealing, sobre todo de El quinteto de la muerte.

StudioCanal maneja las ventas de esta producción de Warp Films y el British Film Institute (BFI) .

(Traducción del inglés por Marta Quirós)

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