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BERLÍN 2018 Competición

Crítica: Touch Me Not

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- BERLÍN 2018: Adina Pintilie rompe moldes al jugar con la ficción y la realidad en su desafiante primer largometraje

Crítica: Touch Me Not
Laura Benson en Touch Me Not

Las mujeres directoras están tomando la delantera en lo que al cine rumano de este año se refiere. La mejor prueba de ello es el primer largometraje de Adina Pintilie, Touch Me Not [+lee también:
tráiler
entrevista: Adina Pintilie
ficha del filme
]
: una exploración relevante, provocadora y exigente de la intimidad y de la idea de sí que ha celebrado su estreno mundial en la competición de la Berlinale y tiene muchas papeletas de impresionar al jurado que dirige Tom Tykwer.

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Ya con la primera toma, en la que vemos de cerca el cuerpo desnudo de un hombre con sus genitales al descubierto, uno sabe que Touch Me Not no va a ser una representante más o menos típica y sexualmente domesticada de la que se ha venido llamando Nueva Ola del cine rumano. En la segunda escena, conocemos a los protagonistas: Laura (Laura Benson), una actriz con problemas de intimidad que contrata a un gigolo (Georgi Naldzhiev) para que se masturbe mientras ella mira. Se trata de la primera de toda una serie de encuentros sin tapujos. En un determinado momento, llegamos a conocer a la directora, Adina Pintilie, quien al principio mira a través del objetivo de la cámara pero, más tarde, cambia de lado e incluso aborda sus asuntos íntimos. 

Pintilie difumina la frontera entre la realidad y la ficción con su toque experimental frente al difícil tema que toca la película. La cámara, el punto donde normalmente termina la ficción y empieza la realidad (o viceversa), se convierte en un límite fluido, un nexo de comunicación, negociación e introspección. La directora mira a la actriz y la actriz mira en los ojos de la directora (y del público) en lo que constituye un dispositivo que brinda un acceso intrigante a través de capas más profundas de interpretación.

Laura puede considerarse la protagonista del film: sus encuentros a menudo emotivos y perturbadores con diferentes trabajadores del sexo invitan al público a meditar sobre su propia limitación a la hora de abordar la propia imagen de sí y de su sexualidad. Su visita a su padre moribundo, silencioso paciente del hospital, es una manera de descubrir nuevos personajes y nuevas variantes del asunto de la intimidad, si bien el lema de la cinta es “dime cómo me amabas para comprender cómo se ama”.

Touch Me Not saca el mejor partido de las buenas interpretaciones del elenco así como de la aparición de Christian Bayerlein, un hombre con una minusvalía severa al que primero vemos en una sesión terapéutica en el hospital. Christian se abre a Tómas (Tómas Lemarquis), un hombre con problemas psicológicos, acerca de la manera en que la gente reacciona ante sus malformaciones y cómo estas reacciones no tienen nada que ver con que sean buenas o malas. 

Pintilie aprovecha la mejor manera de sacarnos fuera de la zona de comfort para plantearnos las diferencias entre cómo nos percibimos a nosotros mismos y cómo nos perciben los demás. Con semejante fluidez entre la ficción y la realidad, la película parece sugerir que no dejamos en ningún momento de negociar las cantidades de una y otra que permitimos en nuestras vidas y en nuestra relación con nosotros mismos.

Tal vez Touch Me Not no sea una película que uno ame pero es indudablemente una película que uno no olvida.

Touch Me Not es una producción de la rumana Manekino Film en coproducción con la alemana Rohfilm Productions, la checa Pink Productions, la búlgara Agitprop y la francesa Les Films de l'Étranger. Gestiona sus ventas internacionales Doc & Film International.

(Traducción del inglés)

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