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BERLÍN 2018 Fuera de competición

Crítica: Eldorado

por 

- BERLÍN 2018: El suizo Markus Imhoof, autor de Mucho más que miel, estrenó a escala mundial fuera de concurso en la Berlinale su último trabajo, nacido de sus recuerdos de infancia

Crítica: Eldorado

Seis años después del multipremiado Mucho más que miel [+lee también:
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, Markus Imhoof decide posar su mirada, discreta pero afiladísima, en la situación de los inmigrantes que desembarcan día sí día también en las costas italianas. Eldorado [+lee también:
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es el nombre simple pero indudablemente evocador con que titula su nuevo trabajo, presentado fuera de concurso en la 68ª Berlinale

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Si en Mucho más que miel el director presenta un microcosmos en vías de extinción, con su nueva película lleva sus investigaciones a un contexto macro y con múltiples ramificaciones. Aunque parezcan opuestos, estos dos mundos se asemejan mucho más de lo que podríamos creer. Igual que las abejas, pequeñas pero potentes productoras de néctar divino, los inmigrantes que llegan al litoral transalpino al cabo de odiseas inhumanas luchan por la propia supervivencia, reclamando su lugar en un mundo de tintes distópicos.

Aunque el tema no es ciertamente nuevo (son numerosos los documentales que lo han abordado; entre ellos, el potente Fuego en el mar [+lee también:
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, de Gianfranco Rosi), el origen del film de Markus Imhoof está ligado a la biografía del director y esto lo diferencia de sus predecesores. Eldorado nace, en efecto, de los recuerdos de infancia del director, momento crucial durante el cual su familia acogió (durante la Segunda Guerra Mundial) a Giovanna, una joven italiana en fuga, obligada a regresar a su país al final del conflicto. El director, un niño por aquel entonces, quedó fascinado por esta figura misteriosa y lejana y siguió escribiéndole hasta su muerte, cuando ella todavía era una niña. De aquellos recuerdos breves pero cargados de emoción se desprende toda la película, que Markus Imhoof traspone al presente, un presente que parece repetirse sin fin y que reabre en el corazón del cineasta heridas todavía por curar. 

Consciente o inconscientemente, la inocencia y la sana curiosidad del director niño marcan todo el film, que juega con dos niveles bien distintos: la frialdad y el desapego casi clínico que marcan el desembarco de numerosos inmigrantes y los recuerdos cargados de sentimiento y contagio que viven tras los vestigios de un pasado fantasmagórico (las cartas de Giovanna, los billetes para las comidas, los juegos, las fotografías). El presente distópico (acentuado por miradas apagadas, manos desnudas que aprietan guantes de látex, mascarillas…) se entrelaza con un pasado utópico a pesar del dolor de la pérdida, dando a Eldorado las apariencias de un puzzle imposible de completar. Tal vez en semejante paradoja reside la originalidad y la fuerza de una película cuyo tema parece repetirse ad infinitum y resumirse en una imprescindible constatación: detrás de cada tragedia se esconden intereses “perfectamente criminales” (como afirma con gran lucidez un miembro del sindicato CGIL que se preocupa por los trabajos clandestinos presentes en los campos de tomates del sur de Italia y es cuestionado a tal respecto por el director).

Una película no puede ciertamente cambiar los destinos de quienes acaban en el purgatorio italiano (como muchos lo definen) pero puede, por lo menos, arrojar luz sobre ese fuera de campo del que poco o nada nos ocupamos, puesto que pasada la indignación inicial, la vida vuelve a empezar como antes: para quien existe como para quien ha perdido toda identidad, entre rutinas y resignación. “¿Por qué no transformar el problema en oportunidad?” Esta es la pregunta, sencilla pero central, que resuena hacia el final de la cinta como una evidencia.

Eldorado es una producción de la suiza Thelma Film junto con la alemana Zero One Film. Films Boutique se ocupa de las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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