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PELÍCULAS Francia

Crítica: La Fête est finie

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- Clémence Boisnard y Zita Hanrot revientan la pantalla en el primer largometraje de Marie Garel Weiss, una película enérgica y sincera sobre la amistad y la droga

Crítica: La Fête est finie
Clémence Boisnard y Zita Hanrot en La Fête est finie

“¿El objetivo? Perder la cabeza porque así me sentía bien y punto”. Heroína, Subutex, metadona, cocaína, MDMA, Ketamina… A los 19 años, Celeste (la actriz revelación Clémence Boisnard) ya cuenta con un palmarés impresionante en consumo de drogas para fumar, esnifar o inyectarse. Empezó con la cola a los 14 años (“Me hacía olvidarme de los demás, del barrio”) y lleva un año viviendo en la calle hasta que un accidente la envía a un centro de desintoxicación, donde conoce a Sihem (Zita Hanrot, premio Cesar a mejor actriz revelación en 2016 por Fatima [+lee también:
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entrevista: Philippe Faucon
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), de 26 años, que sufre la misma adicción agravada por la pérdida de un bebé. La Fête est finie [+lee también:
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entrevista: Marie Garel-Weiss
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se centra en el camino de las dos jóvenes para salir juntas de la dependencia. El primer largometraje como directora de la guionista Marie Garel Weiss es una película simple, sincera y contundente que ya ha obtenido el premio del público y el de interpretación para las dos actrices en el Festival de Jóvenes Realizadores de Saint-Jean-de-Luz.  

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La primera parte de la película (con guión escrito por la guionista y Salvatore Lista) traza el nacimiento de una amistad (quizás un poco amorosa) entre Céleste y Sihem, que forman la resistencia frente las normas del centro de desintoxicación donde las terapias de grupo dejan al descubierto los fallos de las otras internas (una robaba la morfina de su abuela, otra traicionó la confianza de su prima a quien le cuidaba los hijos, etc.). Las dos jóvenes se apoyan cuando el deseo por la droga se vuelve violento, comparten sus vivencias (“Me acostaba con cualquier tío”) y se confían sus sueños (“Tengo ganas de hacer cosas tristes”, “Yo saldría, tendría una vida”). Pero su complicidad es percibida como una amenaza de recaída por los médicos del centro, donde las familias siguen acudiendo de visita (la madre de Celeste le dice a su hija: “A veces pienso que sufrirías menos si estuvieses muerta”). Después de una fuga, nuestras dos protagonistas son expulsadas del centro y expuestas a las desgracias y tentaciones de la vida urbana. ¿Encontrarán un lugar en la sociedad? ¿Resistirán a los cantos de sirena de las drogas? ¿Sobrevivirá su amistad a esta batalla contra sí mismas? (“Si permanecemos juntas, explotaremos. Nos hundiremos y nos prostituiremos”).  

La Fête est finie es una película auténtica, que consigue desarrollar con justicia (sin buscar nada extraordinario pero conservando el poder visual), todos los matices de su objeto de adicción, de la complicada lucha entre las pulsiones de vida y de destrucción, hasta la complejidad de la reinserción en un entorno familiar y social. Un retrato veraz y, a veces, desgarrador cuya capacidad de empatía debe mucho a sus dos excelentes protagonistas, cuya intensidad hace que la película se aleje de su esquema relativamente clásico.  

La Fête est finie, producida por Elzévir Films, se ha estrenado en Francia distribuida por Pyramide, que también gestiona los derechos internacionales.

(Traducción del francés por Carolina Benítez)

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