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BERLÍN 2018 Generation

Crítica: Fortuna

por 

- BERLÍN 2018: El segundo largometraje de Germinal Roaux, de título premonitor, se adjudicó los dos premios principales de la sección Generation de la Berlinale

Crítica: Fortuna
Kidist Siyum Beza and Yoann Blanc in Fortuna

Fiel a un blanco y negro que ya se ha convertido en marca de fábrica, el lausanés Germinal Roaux inunda su último film Fortuna, ganador de los dos premios principales (Oso de Cristal y Gran Premio del Jurado Internacional) de la sección Generation 14plus de la 68ª Berlinale, con una luz misteriosa a caballo entre el alba y el ocaso, la esperanza y la desesperación, la empatía y el cinismo.

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Si bien el vínculo estético de todas sus películas (Des tas de choses de 2003, Icebergs o su primer y multipremiado largometraje Left Foot Right Foot) es justamente el uso del blanco y negro, también comparten muchos elementos de contenido. En primer lugar, la necesidad de dotar lo cotidiano de esa parte de poesía que el frenesí y el consumismo parecen haberle robado. La fragilidad que se desprende de la voz, de la postura y de la mirada de los protagonistas del cine de Germinal Roaux brinda a sus historias, hechas de pequeñas y grandes adversidades como de sueños más o menos por expresar, un subtexto de lo más denso e interesante. Una especie de admonición a redescubrir la humanidad que nos habita, a saborearla a placer y, por último, a transformarla en un motor de cambio tan sutil como necesario.

Fortuna, protagonizada por la prometedora Kidist Siyum Beza, cuenta la historia de una joven refugiada etíope (de solo 14 años) cuyo nombre da título al film que quedó sin noticias de sus padres al llegar a las costas italianas y es acogida en un refugio suizo (el hospicio del Simplon) situado a más de 2000 metros de altitud. Los responsables del refugio son un grupo de canónigos (uno de los cuales está interpretado por el magnífico Bruno Ganz) dispuestos a sacrificar el silencio y la tranquilidad de sus vidas para acoger a más gente de la que cabe en una casa y cuidar de las piezas de un puzzle que tocará intentar reconstruir: con tanta paciencia y sensibilidad. También a ellos, a su capacidad para gozar del encuentro con el otro como posibilidad de transformación en lugar de con sospecha, rinde homenaje Germinal Roaux. Ambos (canónigos y huéspedes) custodian un saber antiguo y misterioso; los protagonistas de Fortuna se funden en la nieve, que los atornilla hasta volverlos un solo cuerpo, imperfecto, pulsante y galopante.

La manera en que el director afronta el tema, ardiente y complejo, de los inmigrantes y, más en particular, de los menores que llegan sin compañía a Europa es extremadamente personal. En lugar de gritar explícitamente su (legítima) indignación, como hizo, por ejemplo, Fernand Melgar con su Vol spécial, Germinal Roaux se pone como objetivo devolver color a nuestras mejillas congeladas y a nuestros corazones petrificados, convencido de que tras el muro de cinismo que nos protege se esconde la respuesta a nuestros males, llamada “empatía”. 

Las potentes imágenes que componen la aventura de Fortuna dan en el blanco como proyectiles en la diana (de nieve), despertando todos nuestros sentidos adormecidos con un viaje multisensorial que nos lleva a salir de nuestro cascarón para afrontar lo ignoto, para perdernos en las sensaciones de un encuentro que no podrá sino hacernos más fuertes. 

Fortuna es una producción de la suiza Vega Production en coproducción con la belga Need Productions. Su agencia de ventas internacionales es Loco Films.

(Traducción del italiano)

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