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CANNES 2018 Quincena de los Realizadores

Crítica: Carmen y Lola

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- CANNES 2018: La cinta de Arantxa Echevarría rezuma frescura, autenticidad y defensa de los últimos derechos por conquistar: al amor pasional entre mujeres gitanas

Crítica: Carmen y Lola
Rosy Rodríguez y Zaira Romero en Carmen y Lola

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, primer largometraje de ficción de la bilbaína Arantxa Echevarría, quien previamente había firmado, entre otros, los cortometrajes Yo presidenta, El solista de la orquesta y El último bus, y el documental Cuestión de pelotas.

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Esa trayectoria dentro del cine de no ficción de Echevarría se percibe claramente en Carmen y Lola, una historia escrita por la propia directora que por momentos parece un documental: tal es la autenticidad que derrocha a la hora de plasmar el mundo gitano y sus costumbres, encuentros y creencias. Para ello, introduciendo al público en un ambiente que desconoce, la mirada –siempre respetuosa– de Arantxa se pasea por mercadillos, viviendas y barrios de la periferia madrileña con la urgencia y la viveza de la cámara en mano, retratando con verdad y sin caer en el costumbrismo ni en la postal folclórica, tan tentadora en una temática como la que aborda.

Reivindicando un cine social –recordando a Carlos Saura y su Deprisa, deprisa– que cada vez se factura con menos frecuencia y honestidad en España, Echevarría abre el último armario que necesita ventilación en este país al abordar el lesbianismo de la comunidad gitana, una cultura –con una férrea fe religiosa– que no acepta, bajo ningún concepto, la homosexualidad, mucho menos la femenina (considerada una enfermedad o algo así como una posesión diabólica), pues según sus costumbres la mujer tiene que casarse muy joven, tener hijos y servir al hombre hasta la muerte. El machismo elevado a su máxima expresión. 

Así, la directora, valiéndose de un reparto de actores no profesionales ni experimentados –donde destacan, en los roles de los padres de una de las chicas, Moreno Borja y Rafaela León, pero sobre todo la jovencísima Zaira Romero, de 16 años, en el papel de Lola, la primera de ellas que da un paso adelante, hacia un cambio radical en su vida– focaliza con su ópera prima la atención mediática en un asunto oculto que necesita ponerse sobre la mesa, para lograr que esas mujeres puedan vivir su amor plenamente y logren, por fin, ser felices sin ocultarse ni huir. Y Echevarría le echa mucha comprensión, sensibilidad y valor a una película fresca, vibrante, libre, emocionante y, a pesar de lo terrible que cuenta, esperanzadora, necesaria y hermosa: tanto como esas dos chicas protagonistas que desprenden la pureza, ingenuidad e intensidad del primer amor, sin importar su opción sexual.

Carmen y Lola es una producción de TVTEC Servicios Audiovisuales, de sus ventas internacionales se ocupa Latido Films y la estrenará a finales de verano Super 8 Distribución.

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