email print share on facebook share on twitter share on google+

CANNES 2018 Competición

Crítica: Dogman

por 

- CANNES 2018: Matteo Garrone presenta una humanidad marginal pero de sentimientos nítidos en una historia inspirada en hechos reales acontecidos en un suburbio pobre

Crítica: Dogman
Marcello Fonte en Dogman

Animales muertos que embalsamar, animales vivos que acoger y amar. Matteo Garrone establece un hilo directo entre Dogman [+lee también:
tráiler
entrevista: Matteo Garrone
ficha del filme
]
, presentada a concurso en el 71° Festival de Cannes, donde anoche recibió los aplausos del público, y la película que hizo en el 2002 titulada El taxidermista. Ambas se inspiran en historias de la crónica negra realmente acontecidas en suburbios pobres, que Garrone ha convertido en sublimes relatos alegóricos sobre una humanidad marginal pero de sentimientos nítidos e irresistibles. Ayer era el enano taxidermista asesinado por su querido protegido, joven y seductor. Hoy es el cuidador de perros de la periferia, que ama con ternura sus animales. El taxidermista de ayer buscaba la belleza en la desolación. El “dogman” (tal es el nombre dado a su actividad) ya está rodeado de belleza, a pesar de la desolación del panorama urbano y humano. Al cuidador Marcello, en efecto, lo quieren todos los vecinos del barrio, está rodeado por las razas caninas más adorables y utiliza el dinero que gana para llevar a su hija, Alida, de 12 años (Alida Baldari Calabria), a las Maldivas o al Mar Rojo para practicar buceo. Con Alida mantiene una relación dulce y serena, aunque esté separado de la mujer. 

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

El rostro de este pequeño hombre de voz nasal rezuma dulzura y serenidad. Garrone, de hecho, confiesa haberse convencido para rodar la película después de conocer al que sería su futuro protagonista, Marcello Fonte. Se trata de una persona con modales, amable, excesivamente disponible, casi ingenuo pero perfectamente integrado en un microcosmos inundado de pequeños hurtos y delitos, oficios dudosamente legales y el arte del apañárselas como uno puede. Marcello se mueve entre las luces de los pequeños concursos de belleza para perros y las sombras del pequeño tráfico de cocaína para sus clientes y conocidos. Esto lo lleva a entablar “amistad” con la persona equivocada, un antiguo púgil llamado Simone (el fabuloso Edoardo Pesce), pequeño criminal que tiene la arrogancia de la fuera bruta y que vive de robar en casas ajenas. Simone es considerado por todos el “perro suelto” del barrio, un individuo incontrolable cuya agresividad la multiplica a menudo la cocaína. Más de uno le augura una muerte prematura. Simone involucra a Marcello, muy a su pesar, en sus golpes nocturnos y trastorna su indiferencia ante la violencia. Cuando toca desvalijar la tienda del “compro oro”, justo al lado de la tienda canina, Marcello cubre al amigo en nombre de una mal entendida lealtad que tiene mucho de la proverbial fidelidad canina y acaba entre rejas durante un año en lugar de Simone. Al salir de la cárcel, algo ha cambiado en él. En el barrio lo aíslan de pronto porque es un traidor de la comunidad y la mujer aleja de él a la adorada Alida. Simone, más que agradecérselo y concederle su parte de los beneficios del golpe, lo ignora y luego lo humilla. El corazón del cándido Marcello se endurece y lo lleva cada vez más cerca de la meditación de la clásica venganza.

Garrone tiene la virtud de no transformar Dogman en una revenge movie, en un Perros de paja, de Sam Peckinpah,del tercer milenio. La violencia se limita a pocas secuencias y se distancia sabiamente de la crónica negra. Como director enviado especial a la realidad, Garrone se concentra más bien en lo que siempre le ha interesado: la mediación entre el héroe y su parte más profunda, el hombre que cada mañana se levanta de la cama y pone el pie sobre una mina, la mina que es él mismo. Con una puesta en escena esencial y rigurosa, dominada por una fotografía de tintes azules, grises y beige a cargo de Nicolai Brüel, Garrone utiliza la belleza de la forma para mostrar el dolor y la fragilidad del mal. Para el director, la normalidad es una vela y sus personajes tienen los matices de la realidad: ninguno es verdaderamente bueno o malo. Y esos largos minutos que la cámara concede al rostro del extraordinario Marcello Fonte al final del film son raros y no tienen precio. 

Dogman es una coproducción entre Italia (Archimede, RAI Cinema) y Francia (Le Pacte). Su agente de ventas internacionales es RAI Com. Hoy la estrena en los cines italianos 01.

(Traducción del italiano)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.