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LOCARNO 2018 Competición

Crítica: Ray & Liz

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- LOCARNO 2018: La primera película del ganador de un Turner Richard Billingham es un relato autobiográfico sobre la miseria que genera una mala relación

Crítica: Ray & Liz

El pintor y fotógrafo Richard Billingham, ganador del premio Turner, hizo las delicias del mundo del arte con una serie de imágenes en las que retrató a sus padres, Ray and Liz, como parte de la exposición “Sensation” (1997), que daba a conocer a jóvenes artistas británicos. Las fotografías de Billingham en esta muestra y las de su libro Ray’s a Laugh (1996) conforman un retrato del Cradley Heath council estate, esa zona a las afueras de Birmingham donde creció. En las fotos, veíamos a su padre alcohólico, Ray, y a su tatuadísima madre, Liz, en situaciones de la vida cotidiana.

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Para su primer largometraje, Ray & Liz [+lee también:
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ficha del filme
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, presentado a concurso en el festival de cine de Locarno, Billingham volvió a casa para crear una historia sobre acoso, abusos y alcoholismo que va y viene en el tiempo: desde 1990, cuando su padre Ray vivía postrado en una cama, hasta sus años anteriores de convivencia con su madre y los hijos de ambos. 

Algunos detractores de las fotos de Billingham acusaron al artista de voyeurismo y sensacionalismo a la hora de retratar la Gran Bretaña de los años de Thatcher y hay una cierta dosis de miserias en este drama, mayor incluso de lo que tiene por costumbre suministrar el cine social familiar británico. El director de fotografía Daniel Landin (Sexy Beast) nos brinda una primera imagen de una mosca pero no hay probablemente quien quiera ser una mosca contra las paredes del piso de Ray, con su papel contra los muros y sus muebles arruinados. Ray (encarnado de mayor por Patrick Romer) bebe de las botellas que le trae su vecino Sid (Richard Ashton). La morosidad de los procederes ni siquiera su puntúa con el retroceso en el tiempo hasta una casa igual de mugrienta, aunque esta vez llena de gente. 

Aquí, Ray (Justin Sallinger) también aparece con carácter secundario en la historia. Aquí es Liz (Ella Smith) y el hermano de Ray, Lol (Tony Way), quienes ocupan el centro del escenario junto con el alcohol que Liz ha comprado con la indemnización por despido de Ray. Las cosas empeoran cuando el joven matón Will (Sam Gittens), cuya chaqueta vaquera parece marcar la pauta de la banda sonora, decide educar a Lol y le da un cuchillo. Will, sin embargo, es un personaje sin el desarrollo necesario, por mucho que su vaquera lleve impresos los nombres de las bandas de rock y en sus nudillos estén tatuadas las palabras love y hate a lo Robert Mitchum en La noche del cazador. 

El único rayo de felicidad en toda esta amargura proviene del hijo menor, Jason, cuando se escapa de esta casa del terror. Sus padres tampoco se preocupan demasiado de que el crío no vuelva después de una barbacoa en casa de un amigo y un buen sueño. Cuando Liz lo ve en un parque, le espeta: “¡La pasma te estaba buscando!” En otra escena, vemos a Jason en un brindis junto al fuego mientras suena “Pass the Dutchie”, de Musical Youth, justo antes de ver al primer personaje negro de la película. En una película en la que no parecía haber más drogas que el alcohol, parece una conexión extraña e innecesaria.

En conclusión, se trata de una película autobiográfica y austera llena de buenas actuaciones y un gran sentido acerca de lo miserables que son las malas relaciones y unos padres tiranos pero con un ritmo en ocasiones extenuante y con unos personajes que, salvo Ray y Liz, no consiguen crear ningún sentido de la empatía. 

Ray & Liz es una producción de las británicas Primitive Film y Rapid Eye Movies. La francesa Luxbox gestiona sus ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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