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DOKUFEST 2018

Crítica: Zvicra

por 

- La cinta de Fisnik Maxhuni et Benoît Goncerut, estrenada a nivel mundial en el festival de cine documental de Prizren, DokuFest, explora la mente de los inmigrantes en Suiza

Crítica: Zvicra

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(que significa “Suiza” en albanés) aborda uno de los problemas contemporáneos más apremiantes desde una perspectiva ligeramente distinta, examina la actitud, las creencias y más importante, la identidad personal de inmigrantes albaneses y kosovares de primera y segunda generación que viven en las áreas de Suiza en donde se habla francés. Después del alemán, el francés y el italiano, el albanés es el lenguaje con el mayor número de hablantes en el país, pero está lejos de tener el mismo estatus social. El filme de Fisnik Maxhuni y Benoît Goncerut, que se estrenó en el festival de cine documental DokuFest en Prizren, presenta a un entrevistado tras otro, algunos jóvenes mientras que otros no tanto; la mayoría de estos optimistas, y otros que sienten la presión de sus raíces mucho más de lo que están dispuestos a admitir.

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Como lo explica uno de los jóvenes a los que entrevistan, actualmente son los albaneses los que se encuentran en medio de un mal momento. Antes de estos, los “indeseables” eran los italianos, después de estos, podría ser alguien más. Sin importar si estamos de acuerdo con esto o no, es sorprendente y a veces doloroso ver la actitud que cada uno de ellos toma para poder seguir adelante. Una mujer de edad media, apenas consiente del racismo detrás de los comentarios de sus compañeros de trabajo no obstante mantiene su buen humor mientras explica que Suiza es su hogar ahora, incluso cuando a veces extrañe los Balcanes. Un hombre, conductor de un camión, ha construido una buena vida y espera que esta mejore en los próximos diez años.

Un joven jugador de fútbol reflexiona sobre la diferencia entre llamar a alguien un “sucio albanés” y un “sucio suizo”; aun así jugaría para ambos equipos nacionales; a veces se siente inclinado a identificarse con un país y otras veces con el otro. Quizás las entrevistas más estremecedoras son la una joven adolescente y la de un joven hombre, un pescador, quien parece haber internalizado no solo los requerimientos que un ambiente conservador ha puesto sobre su comunidad inmigrante, sino también los prejuicios negativos que se tienen contra ellos. 

Aunque en momentos quisiéramos que los cineastas hubieran explorado el tema con más profundidad, Zvicra examina la mente de los inmigrantes y comienza una discusión sobre cómo la mentalidad del país, y no solo su situación económica o la condición de los beneficios sociales que se reciben, está dándole forma a la manera en la que piensan sus inmigrantes, no solo en una generación sino también en las de sus hijos y nietos a los cuales inevitablemente se les transfiere el trauma de tener que dejar el hogar y comenzar una nueva vida mientras se enfrentan a diferentes formas de discriminación diariamente. ¿Qué le ocurre a nuestra forma de pensar, a nuestra imagen del mundo y especialmente a nuestro sentido de identidad cuando de jóvenes se nos dice constantemente, o se nos da la impresión de que, nuestra cultura o lengua es de alguna manera inferior a las demás? ¿Qué significa para la generación que venga después?

La mayoría de las personas a las que Maxhuni y Goncerut intentaron filmar se negaron a participar y esto dice mucho. El joven cineasta nació en Kosovo y vino a Suiza como refugiado durante la guerra. Quizás una opinión mucho más personal, o un enfoque más abierto, subjetivo y apasionado sobre este tema habrían convertido a Zvicra en un documental realmente único e impresionante. Pero a juzgar por las realidades psicológicas de los inmigrantes suizos que aparecieron en el filme, no sorprendería el descubrir que el hacer este tipo de documental más profundo hubiera involucrado también muchas más dificultades. 

Zvicra fue producido por Benoît Goncerut y Fisnik Maxhuni para Visceral Films (Lausana).

(Traducción del inglés por Javier Campos)

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