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SARAJEVO 2018 Competición

Crítica: One and a Half Prince

por 

- La competición de Sarajevo ha acogido la proyección del tercer largometraje de Ana Lungu: una oda conmovedora, a pesar de sus defectos, a la amistad

Crítica: One and a Half Prince
László Mátray en One and a Half Prince

Tras el relato de crecimiento personal que firmó con su segundo largometraje, Autorretrato de una hija obediente [+lee también:
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, la directora rumana Ana Lungu regresa con una especie de secuela titulada One and a Half Prince [+lee también:
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 y proyectada actualmente en la competición oficial del festival de cine de Sarajevo. Se trata de una historia de amistad amenazada por un sentimiento mayor, una película conmovedora sobre por qué estamos siempre mejor en compañía de amigos de confianza.

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La historia se centra en Iris (Iris Spiridon), una mujer en pleno luto tras la inesperada muerte de alguien cercano. La vemos en el cementerio, junto a la tumba, tratando de obedecer los ánimos de su amigo Marius (Marius Manole). Pronto sabemos que Iris y Marius comparten un piso con otro amigo llamado Istvan (István Téglás). Su feliz cohabitación, llena de risas y con algunas peleas, se verá amenazada cuando Iris empiece a sentirse atraída por László (László Mátray), un escritor que posee una granja de caballos en Transilvania.

El enfoque de Lungu para con su historia y el hecho de que los actores encarnen versiones ficticias de sí mismos acerca al público a este trío de amigos, haciéndolo parecer tan real que las interacciones entre ellos se parecen a una invitación a entrar en su casa y en sus vidas. Cuando comparten pantalla, vemos la confianza que se profesan, la facilidad con que se confiesan (y confiesan al espectador) sus deseos y sus miedos más íntimos y el fortalecimiento recíproco que ejerce su amistad, preparándolos para el futuro. La muerte de un ser cercano, el conflicto con la antigua pareja o las tensiones con los compañeros de trabajo se antojan cosas más sencillas de sortear cuando están juntos Iris, Marius e István. La aparición de una amenaza al conjunto bajo la forma de un escritor apuesto y con talento (pero impopular) en el que Iris ve ese príncipe a que hace referencia el título hará temblar los cimientos del edificio, aparentemente inexpugnable, que es su amistad. 

Lo mejor de la película es la química entre los protagonistas (amigos en la vida real). Por desgracia, el enorme atractivo de su relación pierde fuelle cuando interactúan con otros personajes. Lungu incluye en el reparto a un buen puñado de actores aficionados procedentes del mundillo artístico de Rumanía (el coreógrafo Răzvan Mazilu, el director de teatro Radu Afrim y la periodista Iulia Popovici, entre otros), como satélites o fuentes de peligro para la relación entre el trío protagonista. Lamentablemente, su presencia rompe la armonía de la cinta, llevándola a los terrenos de lo estridente, lo incómodo o lo irrelevante. Por todo lo bien que trabajan los protagonistas (a ellos hay que sumar al convincente Mátray, aunque nunca convierte el centro de atención en un cuarteto), las intervenciones de los demás parecen una broma procedente de un mundo al que el público no tiene acceso.

László Mátray funciona a la perfección como distracción de Iris. Su presencia en la historia, que en un determinado momento de la trama llevará a los tres protagonistas a visitar su granja de caballos en los campos de Transilvania, brinda una serie de temas que da valor a la historia: en primer lugar, nuestra fragilidad emocional y la fragilidad de nuestras relaciones, y, en segundo lugar, el hecho de que siempre queremos más que, o al menos algo distinto de, lo que ya tenemos. Su personaje y la opinión que despierta en los demás ofrecen una nueva perspectiva de lo difícil que es el baile entre lo que somos, lo que queremos ser, lo que otros creen que somos y lo que otros quieren que seamos.

One and a Half Prince es una producción independiente de Mandragora. La cinta se estrenará en Rumanía el 7 de septiembre.

(Traducción del inglés)

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