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VENECIA 2018 Orizzonti

Crítica: Deslembro

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- VENECIA 2018: La cinta en gran parte autobiográfica de Flavia Castro, presentada en Orizzonti, es una mezcla perfecta de historias personales y sociales de Brasil después de la dictadura militar

Crítica: Deslembro
Jeanne Boudier en Deslembro

Deslembro, presentada en el 75° Festival de Venecia, demostró ser uno de los títulos más emocionantes del encuentro en la sección competitiva Orizzonti. El estreno del largometraje de ficción de la cineasta brasileña Flavia Castro parece ser obviamente autobiográfico: nació en Brasil, pero creció en el exilio, comenzó como cineasta con el documental Diário de uma busca en el 2011, creando sus imágenes cinematográficas en la línea cada vez más borrosa entre la ficción y el documental. En Deslembro, la protagonista de la película, Joana (interpretada con un naturalismo convincente por Jeanne Boudier), crece en París, escuchando música rock y leyendo clásicos literarios. En 1979 se concede la amnistía en su Brasil natal, y su familia decide regresar. Ignorando sus súplicas para dejarla quedarse en Francia, la madre de Joana la lleva de la noche a la mañana de regreso a un país que ella apenas recuerda.

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En Río de Janeiro, Joana se ve obligada a enfrentar la realidad de la sombría desaparición de su padre, cuyas circunstancias, después de haber sido relacionado con la dictadura militar en Brasil, habían forzado a la familia a huir a París en primer lugar. En su camino hacia una nueva democratización, después de la presión ejercida por el pueblo brasileño, su país de origen podría parecer para su nostálgica madre un lugar atractivo para vivir de nuevo, pero para la enajenada Joana, que sólo lo ha conocido por su cruel pasado político, es un lugar problemático y poco acogedor que únicamente le recuerda su pérdida. Para apreciar completamente esta premisa, debemos saber que el padre de Flavia Castro también era periodista, que se pensaba se había suicidado, pero que en realidad había sido secuestrado y asesinado por las fuerzas corruptas del gobierno.

Con un impulso emocional tan fuerte detrás de su película, no es de extrañar que la narración parezca decididamente honesta, pero también sorprendentemente moderada. En lugar de en la emoción contundente, Deslembro se centra en la memoria: los pedazos que quedan de una infancia fragmentada, entrelazada con la imaginación, que sigue jugando trucos en la mente, iluminando falsamente algunas imágenes del pasado y oscureciendo otras, además de crear algunas propias. En otras palabras, es empujada al primer plano en Deslembro la construcción de la memoria en sí misma, y ​​cómo la ensamblamos a partir de elementos heterogéneos que no necesariamente concuerdan entre sí.

Da gusto ver Deslembro, está bellamente filmada y acompañada por algunos valiosos temas de rock de la década de 1970, que son un indicio adicional de la nostalgia de la cineasta por este período que vivió. Sin embargo, su fortaleza proviene de otro lugar: se deriva de la combinación perfecta de historias personales y sociales, historias de heridas sin cicatrizar infligidas tanto a los individuos como a la sociedad brasileña en general. Se agradece que la cineasta, que debuta en la ficción, que nunca deja que la política o la historia del país se apropien de la historia. Por el contrario: lejos de ser una historia de madurez sobre la recuperación de la identidad olvidada de una joven mujer, Deslembro es un logro cinematográfico, que sigue la misma línea del aclamado debut documental de la cineasta.

Deslembro es una coproducción brasileña-francesa-qatarí, producida por Les Films du Poisson, VideoFilmes, Tacacá Filmes y Flauk Filmes. La parisina Loco Films la vende internacionalmente.

(Traducción del inglés por Lorena Zuleta)

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