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VENECIA 2018 Orizzonti

Crítica: Manta Ray

por 

- VENECIA 2018: Phuttiphong Aroonpheng firma un primer largo atmosférico y críptico, muy prometedor formalmente, pero lindante con la abstracción

Crítica: Manta Ray
Aphisit Hama en Manta Ray

"El bosque está lleno de cadáveres (...). Se dice que las piedras preciosas brillan en su interior durante las noches de luna llena, pero todo el mundo teme adentrarse en él". En su primer largo como realizador, Manta Ray [+lee también:
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ficha del filme
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, presentado en la sección Orizzonti del 75º Festival de Venecia, el director de fotografía tailandés Phuttiphong Aroonpheng (conocido por su trabajo en Vanishing Point y The Island Funeral) ha decidido sumergir al espectador en aguas muy profundas; una inmersión atmosférica, visual y sonora de primer orden, que en ocasiones llega al onirismo y que relega al segundo plano una narración particularmente enigmática. Dedicado a los rohinyá, el film siembra algunos sutiles indicios, pero juega a mantener la incertidumbre en la mente del espectador, hasta retorcerse en su último tramo, trazando un sorprendente giro conceptual que arroja un relativo esclarecimiento simbólico sobre sus intenciones narrativas. Una confusión sabiamente mantenida (el cineasta también firma el guion) que podrá asombrar a algunos, sobre todo porque el ritmo de la minimalista trama es deliberadamente lento, pero que no puede ocultar lo esencial: en el plano puramente cinematográfico, Phuttiphong Aroonpheng es a todas luces un gran talento emergente.

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Manta Ray gira en torno a la historia de un encuentro sobre el que planea una sombra original de peligro, como lo sugiere la fascinante escena inicial, en la que un hombre armado, envuelto en una guirnalda de luces multicoleres, avanza por la oscuridad de la jungla, y luego un grupo de personas rodea un cuerpo (¿un cadáver?) atado. Entre ellos (¿estamos realmente ante el comienzo del film, o se trata de una escena final usada como introducción?, quién sabe... ), figura un hombre (Wanlop Rungjumjad) cuyo nombre no sabremos en ningún momento. Pescador en un carguero y aficionado, en sus horas libres, a buscar en el bosque piedras preciosas que luego lanza al mar para atraer a los peces manta, este solitario abandonado por su novia encuentra a un hombre semimuerto, le cuida y le aloja en su cabaña. El desconocido (Aphisit Hama) es mudo, y así seguirá, mientras una gran complicidad va estableciéndose entre ambos hombres. Pero el pescador no tarda en desaparecer, ahogado, supuestamente, en el mar, y poco tiempo después, su exmujer (Rasmee Wayrana) reaparece...

Deliberadamente críptica, Manta Ray se revela finalmente como una parábola sobre la identidad, sobre la percepción de que aquello que parece ajeno no es en realidad sino otro reflejo de uno mismo. La construcción en bucle de la cinta es un poco artificial, y para el cineasta es sobre todo una simple envoltura que contiene una profusión de cualidades formales, sugerentes ambientes sonoros con encuadres majestuosamente cuidados. Un potencial cuyos futuros desarrollos esperamos con curiosidad.

Producida por la compañía francesa Les Films de l'Étranger junto con las tailandesas Diversion y Purin Pictures y la china Youku Pictures, Manta Ray se proyectará también en la sección Discovery del 43er Festival de Toronto, así como en la sección Zabaltegi-Tabakalera del 66º Festival de San Sebastián. Las ventas internacionales están a cargo de Jour2Fête.

(Traducción del francés)

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