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El caimán

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- Ahora que las elecciones ya pasaron y Silvio Berlusconi ha perdido, es más fácil, fuera de las polémicas políticas y los prejuicios, ver el décimo filme de Nanni Moretti por lo que es

El caimán

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no es un filme sobre Berlusconi, quien tiene ciertamente un papel importante, en cuanto fenómeno italiano. Protagonista del filme es un país que ha perdido su camino, como Caperucita Roja, obligado a vivir una pequeña obra de teatro con cambios de escena trágicos. Protagonistas del filme son todos los ciudadanos, con sus historias personales. Los italianos, reflejados en el espejo grotesco del imaginario "morettiano". La imagen no será aduladora, pero es muy parecida.

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Justamente por esto, la película de Moretti está atravesada por las tres grandes pasiones del autor: el cine, la política y obviamente la vida. Se cruzan y se superponen, como sucede en la vida real.

Relata mientras tanto una historia intima. Del final, difícil de aceptar, de un matrimonio, y de la relación profunda entre padre e hijo. Cuenta además como está hecho el cine: ritos, lugares, historias, presupuestos, recaudaciones, bancarrotas también. Y habla finalmente de una anomalía que ha condicionado y dividido a una entera populación.

El actor-fetiche Silvio Orlando es una figura divertida y herida. A él, que siempre ha producido filmes trash con títulos improbables, se acerca una joven realizadora debutante (Jasmine Trinca) que quiere hacer un filme anti-Berlusconi. Duda, pero sabe que es su última oportunidad, desocupado desde hace 10 años, sin dinero, afligido de una grave crisis matrimonial. A través de la necesidad del filme, su guión y el productor extranjero (un magnifico Jerzy Stuhrz que dice: "me divierte la idea de contar "la Italia berlusconiana", su descenso cada vez más profundo", se reconstruyen los momentos más conocidos y discutidos del personaje Berlusconi: su riqueza, las televisiones privadas con las bailarinas medio-desnudas, los bancos suizos, la "incursión en campo" político ("La Italia es el país que amo").

Para contar el cine, Moretti se sirve de verdaderos realizadores en los papeles más dispares: Giuliano Montaldo, Paolo Virzì, Carlo Mazzacurati, Paolo Sorrentino, Matteo Garrone. Para personificar a Berlusconi, el realizador utiliza 4 caras diferentes. Es un muñeco con una gran sonrisa cuando es interpretado por Elio De Capitani, casi sosia del líder político, y es una caricatura narcisista cuando lo representa Michele Placido, tiene la cara de la realidad cuando aparece Berlusconi en persona, en su show delante del Parlamento europeo o delante de los jueces de Milán. Y finalmente la cara inquietante de un Nanni Moretti helado y diabólico en el epílogo, fuera del tribunal donde después de un proceso que ha durado cinco años, Berlusconi fue condenado a siete años por corrupción. Aquí Moretti reflexiona sobre la deriva moral, cultural y política de su país. Su lado oscuro y miedoso, exprimiendo una taciturna declaración de desconfianza en la dimensión pública.

Lo hace con rabia pero sin seguridad, salpicando el filme con dudas e incertidumbres , y situándose en la frontera con la metáfora: como en la neurótica búsqueda que los niños hacen de un pedazo de Lego sin el cual nunca podrán ser felices.

(Traducción del italiano)

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