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Mon frère se marie

por 

- Tentativa de lifting muy dulcemente, entre lo burlesco y lo emotivo, de una familia suiza rota por todas partes como esas postales religiosamente colgadas en una casa vietnamita

Mon frère se marie

Gran talento cómico el que muestra Mon frère se marie [+lee también:
tráiler
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entrevista: Thierry Spicher
ficha del filme
]
, primer largometraje de ficción de Jean-Stéphane Bron, pero también una mirada generosa –ni dura ni complaciente. El joven cineasta suizo no se encuentra, sin embargo, ante un experimento, pues ya se le debe un gran éxito en el cine, Le génie helvétique, documental de creación que se distingue por la pertinencia de su tema y de su humor. Sin abandonar por completo el género documental, Mon frère se marie presenta a una familia suiza herida y atomizada, pero inevitablemente unida por un pacto sellado en los años 80.

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Conmovidos por la suerte de miles de hombres, de mujeres y de niños que huyeron de Vietnam en frágiles embarcaciones, los Depierraz escucharon a su corazón y acogieron a un joven, Vinh. Una veintena de años más tarde, cuando el niño salvado de las aguas anuncia su boda, la pareja se divorcia, el padre queda en quiebra, la madre sigue su vía solitaria y el bello chalé donde ha crecido con un hermano y una hermana se queda en ruinas. El recuerdo de las vacaciones en la nieve en Zermatt sigue en pie gracias a la madre de Vihn, que sigue recibiendo cada año una postal del Cervino. Los Depierraz tendrán que interpretar esta comedia de la felicidad en directo, pues la familia vietnamita llega para la boda.

Hábilmente, Jean-Stéphane Bron desvela la historia de los Depierraz mediante un artificio prestado del documental: ante la pequeña cámara del hermano de Vihn, los miembros de la familia lanzan por partes su visión de las cosas, mientras que, paralelamente, se improvisa a toda prisa una sensación de nueva serenidad. Encuentros pesados de miradas que huyen y de vivaces aversiones para cambiar, cueste lo que cueste, Jean-Stéphane Bron despliega con toda sutileza su paleta cómica con esta elegancia consistente en no suscitar nunca la risa a costa de los personajes. Los patéticos esfuerzos y la torpeza de los protagonistas para salvar el tipo escapan a la caricatura, así como al choque entre culturas. Escenas antológicas llenan desde entonces Mon frère se marie, como, por ejemplo, una mesa de Ikea que amenaza con desmoronarse o también un retrato del papa. Esta simbiosis con los personajes permite al cineasta alternar permanentemente lo cómico y lo emotivo y de dar a la película el mismo movimiento. A lo jocoso de los preparativos frenéticos para volver a dar un semblante de lustre a la casa familiar, del desembarco de la familia vietnamita y de la comedia de la boda, le sigue un cierto sosiego. Las zarpas se esconden, las miradas se intercambian de nuevo y un pálido resplandor perfora las brumas que cubren el Cervino.

Si la frontera entre el documental y la ficción está algo falta de nitidez y si la irrupción del drama es, al contrario, demasiado rápida, la prestación de Jean-Luc Bideau contribuye en gran medida al éxito de la película. Nuca antes había estado en tal adecuación con el universo de un cineasta, demostrando, si era necesario, su gran talla de actor tanto en el registro cómico como en el dramático. En el papel de Vinh, el cómico amateur Quoc Dung Nguyen supone también una revelación. Nadie duda que Jean-Stéphane Bron es uno de los talentos más prometedores de la cinematografía de la Suiza francófona.

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