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Crítica: Cowboy

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Un tragicómico itinierario humano

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- Relato clásico cómico ent res actos, Cowboy explora poco a poco y de manera atípica los tormentos de su protagonista

Crítica: Cowboy

Daniel Piron, es, por supuesto, Benoît Poelvoorde. Periodista televisivo frustrado por verse reducido a la presentación de Airbag, una emisión sobre seguridad vial cuyo rodaje se presta a escenas cómicas antológicas; antiguo militante de izquierdas ya sin fuerzas, Piron decide realizar un documental. El tema lo sacará de hechos reales, el secuestro en 1980 de un autobús escolar por Michel Strée: para ello, deberá elegir al secuestrador, rebautizado como Sacchi (Gilbert Melki), y a sus víctimas casi 30 años más tarde. Sin embargo, Piron irá de tropiezo en tropiezo. Sacchi se ha convertido en un gigoló, su productor (Bouli Lanners) le busca un cámara incompetente (François Damiens) y, sobre todo, descubre que no tiene la capacidad necesaria para llevar a cabo su proyecto. Todo se desmorona, pero Piron intentará manipularlo todo para conseguir sus objetivos.

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se pueden encontrar los temas típicos del Benoît Mariage documentalista (sobre todo en Striptease). Un eje metacinematográfico que no dejará indiferente a quienes no pertenecen "al medio", pues se presenta, ante todo, como un itinerario humano a seguir. Se muestra también el amor desmesurado de Mariage hacia la "pequeña gente" y hacia la belleza triste que resulta de lo cotidiano. Una visión que será difícil de descubrir para Piron. Se reivindica aún militante, pero pronto revelará su desprecio por lo que filma. Y he ahí el segundo eje de la película: no se exagera si se la califica como película de izquierda. Mariage transmite, como contraste y buena idea, valores de ayuda mutua y de tolerancia, poniendo al espectador, a veces de manera violenta, frente a sus propias contradicciones (en una acalorada discusión entre Poelvoorde y Lanners, Poelvoorde se niega a dar un papel al niño que limpia las baldosas). La magnífica escena final, al son de "Non, non, rien n’a changé" ("No, no, nada ha cambiado"), de Los Poppies, garantiza las lágrimas de aquéllos quienes creían, o creen aún, en cambiar la vida.

Benoît Mariage no construye, como en Les Convoyeurs attendent, cuadros de una gran belleza formal e imágenes poéticas, sino que su cámara escudriña sin piedad las imperfecciones de las pieles y los rostros de sus protagonistas. La película logra arrancar verdaderas carcajadas a la vez que acaba con una sincera emoción. Para ello, Mariage confía en el talento de Benoît Poelvoorde, que libra aquí su papel más sutil (más difícil que el de Entre ses mains [+lee también:
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) y que recuerda su gran talla como actor. También sorprende François Damiens (alias Didier l’Embrouille) con un papel que al principio parece muy caricaturesco. A destacar también Julie Depardieu, a quien ya se pudo ver formando pareja junto a Poelvoorde en Podium.

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