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Crítica: Semilla de Maldad

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El regreso del "monstruo"

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- Una parábola multidimensional sobre la creación dirigida magistralmente por el húngaro Kornél Mundruczó y que ha sido seleccionada en la edición 2010 de Cannes

Crítica: Semilla de Maldad

Se acerca la Navidad. Los adornos invaden los escaparates y la familia vuelve a ser inevitablemente el centro de todas las atenciones. Profundizando con su intransigencia habitual y su personal estilo el tema de la diferencia y el karma negativo del ser humano enfrentado a sus creaciones, el húngaro Kornél Mundruczó ha presentado en la Sección Oficial en competición del Festival de Cannes una obra radical, fascinante y un poco inaccesible: Semilla de Maldad [+lee también:
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La película, que adapta libremente la legendaria obra de Marie Shelley, narra la historia del reencuentro entre un hijo abandonado al nacer (Rudolf Frecska) y su padre director de cine (encarnado por el propio Mundruczó). "Cuando era pequeño, me gustaba que la justicia triunfara (…) Ahora hablo de las ilusiones perdidas", dice el protagonista a un periodista en el prólogo de la película, donde se desliza también el nombre del Conde de Montecristo, anunciador de los dramáticos acontecimientos que acaecerán. Budapest desfila bajo el cielo gris invernal hasta un edificio en forma de laberinto (patio interior, galería circular en cada piso) a punto de ser derrumbado dónde el realizador organiza un casting para actores no profesionales. Casi toda la película se desarrolla en este decorado que recuerda a una prisión y cuyas posibilidades son maravillosamente destacadas por la fluida cámara de Mundruczó.

Si todo comienza entre risas con ensayos fallidos, no tardan en llegar las lágrimas, arrancadas por el manipulador director. Pero la llegada del "muchacho frágil", mirada insondable y marcha caótica, cambia todo. Tras escapar del orfanato, el adolescente de 17 años volvió con su madre, inquilina del edificio, y quiere saber quién es su padre. Al límite de su paciencia, empujado por las pruebas del realizador, estrangula a su compañera (que intentaba desesperadamente de abrazarlo) antes de desaparecer. Dos asesinatos seguirán al compás de un oscuro catarsis familiar donde el muchacho se revela un Frankenstein, una criatura incontrolable, caracterizado por una inquietante fragilidad emocional, un niño que desea la satisfacción inmediata de sus deseos y que mata únicamente cuando se siente amenazado, de modo casi involuntario.

A la búsqueda de una manera ingenua del amor y la identidad, el adolescente no hace más que hundirse aún más en la privación de libertad que sufre desde siempre. Una mecánica inexorable se pone en marcha. Pero el joven "monstruo" terminará por descubrir quién es su creador y porqué ha sido desterrado del mundo desde el principio.

Parábola hermética pluridimensional sobre el tema de la creación, Semilla de Maldad da una nueva prueba del excepcional potencial de Mundruczó. En cada película, se supera en cuanto a estética (por ejemplo, en esta ocasión la nieve), alcanzando una especie de perfección en la dirección, el trabajo sonoro y la contribución (muy bella) de la música. Y si sus diálogos minimalistas y la estilización de la interpretación hacen que su cine sea muy impenetrable (llegando incluso a desanimar), no deja de ser un realizador con un enorme talento.

(Traducción del francés)

galería de fotos

título internacional: Tender Son - The Frankenstein Project
título original: A Frankenstein-terv
país: Hungría, Alemania, Austria
ventas en el extranjero: Coproduction Office
año: 2010
dirección: Kornél Mundruczó
guión: Kornél Mundruczó
reparto: Rudolf Frecska, Kitty Csikos, Lili Monori, Miklós Székely B., Kornél Mundruczó

premios/selecciones principales

Cannes 2010 Sección Oficial
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