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"Poder reírse de lo mórbido, de los momentos absurdos de la existencia, puede ser bueno y liberador"

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Hans Petter Moland • Director

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- In Order of Disappearance del noruego Hans Petter Moland es el único candidato nórdico al Oso de Oro de la 64 Berlinale

Hans Petter Moland  • Director

Este año entre la lista de las películas en competición oficial en el Festival de Berlín figura In Order of Disappearance [+lee también:
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, el séptimo largometraje del director noruego Hans Petter Moland. Su intérprete principal es el actor sueco Stellan Skarsgård. Después de Zero Kelvin (1995), Aberdeen (2000), Un hombre bastante bueno [+lee también:
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(2010), es su cuarta película con Moland, un director apasionado por todo lo que se relaciona con el medio ambiente, al desarrollo sostenible, a la naturaleza, que, sin embargo, por temor a la soledad, dejó de joven su granja familiar para dedicarse al cine.

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Cineuropa: ¿Por qué esta película?
Hans Petter Moland
:
Hace tiempo que tengo ganas de hacer una comedia que nos muestre a un hombre feliz, satisfecho con su existencia, bruscamente confrontado a una catástrofe, en este caso, en mi película, la trágica desaparición de su hijo, a causa de una sobredosis.

Un tema delicado… ¿Una comedia negra, entonces?
Si quiere. Es siempre algo artificial colocar las películas en categorías. Mi película es, antes que nada, una comedia con, es verdad, una pronunciada inclinación hacia lo absurdo y lo mórbido. Poder reírse de lo mórbido, de los momentos absurdos de la existencia, puede ser bueno y liberador. Pero In order of disappearance es también una historia de venganza, una película de acción, con suspense, peleas, persecuciones. Nils, el conductor de quitanieves, quiere vengarse de su hijo y va por ello a vivir mil peripecias. El punto de salida, lo he desarrollado con Kim Fupz Aakeson, que ya se había encargado del guion y los diálogos de mi película anterior Un hombre bastante bueno. Nuestra colaboración tiene un carácter dialéctico: salimos juntos en busca de un personaje, en busca de las posibilidades ofrecidas por una situación, sin que el uno o la otra busquen forzosamente tener razón. A veces tenemos divergencias de opinión, a menudo sobre los detalles, pero la historia, como evidencia, acaba por imponerse ella misma.

Muchas escenas han sido rodadas en el exterior.
Sí, en Oslo, y cerca de Beitostølen en las montañas de Jotunheimen, en invierno, a –25º. Un tiempo espléndido casi siempre, y preciosas imágenes de paisajes nevados, que debemos también a mi director de fotografía, el franconoruego Philip Øgaard con el que trabajo por la quinta vez.

Øgaard, Skarsgård... Usted es fiel.
Me gusta rodar en una atmósfera familiar, en un clima de confianza. La vida es demasiado corta para rodearse de gente desagradable. Pero también hay en la película actores con los cuales no había trabajado nunca. Amigos o no, me gusta mucho hablar de su papel con ellos, de profundizar, a veces observar el argumento bajo un nuevo ángulo. Sería una pena no dejar expresarse a la gente con talento. Podemos ser francos y directos, sin descuidar el tacto y la cortesía. Además, es a menudo un enriquecimiento mutuo.

¿Ha llamado a expertos para ciertas escenas?
Sí, a dobles, y también a varios especialistas, para ayudar, por ejemplo, a Bruno Ganz a manejar las armas, una iniciación técnica que le ha divertido mucho.

¿Qué espera de los próximos días?
Tengo claramente muchas ganas que mi película encuentre un gran público que, pero enfrentarse a decenas de periodistas me asusta un poco. El aburrimiento a veces en las entrevistas, es lo que olvidamos olvidar, y a veces eso juega en contra de conseguir una verdadera conversación. Mi lugar, como director, está detrás de la cámara, no delante. Hacer una película exige a un director que sea un poco esquizofrénico: hace falta que sea Dios en su propio universo, y al mismo tiempo muy humilde, muy flexible, puesto a dejarse sorprender, a dejarse alegrar por las fuerzas positivas latentes, para hacer un trabajo colectivo, sin perder de vista el objetivo que estaba marcado. Debo también reconocer que, como para Nils, mi héroe y sus tribulaciones, el azar juega un gran papel en el éxito de una película. Pero para beneficiarse de este azar es necesario ser abierto, receptivo, atreverse a arriesgarse. Si uno quiere que la suerte lo encuentre, no puede esconderse en su pequeño refugio. Más vale aprender a vivir en la inseguridad, domesticar el miedo. En nuestra época hay, creo, un exceso de desconfianza. La geolocalización, la videovigilancia, pueden, creo, poner en peligro la democracia, y por otra parte, ese gusto por la transparencia generalizada no es, me parece, propicio a los intercambios.

¿Y la gran pantalla?
De mi primera película como espectador, Los 101 Dálmatas, mantengo el recuerdo de la fascinante Cruella, que encontraba muy seductora, y, aún ahora, me encanta dejarme seducir por otros cineastas. Me gusta mucho Terrence Malick, el productor de mi película Un lugar maravilloso (2004), y también Fellini, De Sica, Sorrentino, Truffaut, Melville... Desde hace tiempo tengo también interés en las “citas a ciegas”, los encuentros sorpresa con el cine. Abordar nuevas experiencias sin ideas preconcebidas, descubrir cosas que no sabíamos que nos gustaban, es maravilloso. El cine es un medio democrático: no espera de nosotros más que la curiosidad y la disponibilidad.

(Traducción del francés)

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