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"Durak (The Fool) no es un retrato total de Rusia, aunque sí mayoritario"

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Yury Bykov • Director

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- Cineuropa habla con el cineasta ruso Yury Bykov, sobre cuyos trabajos siempre planea la crítica hacia la sociedad de su país

Yury Bykov  • Director

El esqueleto de ballena que representa el alma de Rusia en Leviathan [+lee también:
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, de Andrey Zvyagintsev, se ha hecho muy popular en los últimos meses. Tras la buena acogida que tuvo el año pasado el thriller The Mayor en la Semana de la Crítica de Cannes, su compatriota Yury Bykov incide en las grietas que genera un sistema corrupto con Durak (The Fool) [+lee también:
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entrevista: Yury Bykov
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. Esta cinta compite por el Leopardo de Oro en el Festival de Locarno y muestra a una envenenada clase política ante una crisis inminente: un edificio en el que malviven más de 800 personas está a punto de derrumbarse en plena noche. Un fontanero alerta a la administración pública con la esperanza de poder evitar la catástrofe. 

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Cineuropa: ¿Intenta usted representar en Durak (The Fool) una metáfora de la sociedad rusa?
Yury Bykov: Mi intención es mostrar un modelo de sociedad que es muy común en la zona en la que yo nací [Penza, en Rusia central]. Yo he crecido en un ambiente muy similar al que aparece en la película y por eso quise realizar un retrato lo más preciso posible de lo que viví. Muestro un cúmulo de experiencias que he adquirido a lo largo de mi vida y que libero a través de esta historia. Pero Rusia es un país muy grande y me inclino a creer que el de Durak no es un retrato total, aunque sí mayoritario. Más que denunciar las evidentes diferencias sociales he buscado mostrar cómo se desarrolla el conflicto de intereses que se plantea en la película.

Por tanto la historia que desea contar podría estar situada en muchos otros países...
Es una historia que creo que puede transcurrir en cualquier región del mundo en la que se vivan tensiones sociales, adaptándose claro a las circunstancias particulares de cada país. Muchos lugares podían haber ambientado esta historia sin problema. Ya sean zonas en vías de desarrollo de Latinoamérica o África y, en otro contexto, en buena en parte de China e incluso de los Estados Unidos. 

Usted asegura no sentirse próximo a los directores rusos actuales y sí a los del pasado. ¿Por qué?
Es así porque para mí lo más importante del mundo es ser entendido y emocionar al espectador. Muchos de los directores rusos actuales están más centrados en elaborar un lenguaje cinematográfico propio, en crear determinadas atmósferas. Para mí esas cosas son formalismos, elementos más cercanos a la tecnología que a las emociones. Mis ambiciones artísticas pasan por conectar con la gente. En ese sentido tengo como referente al cine social de los 70, al Sydney Lumet de Tarde de perros (1975) o a Francis Ford Coppola, y al cine ruso de esa misma época.

En la reciente edición del Festival de Cine de Moscú acudieron muy pocos artistas internacionales como invitados, a diferencia de años anteriores. Parte de la prensa local lo relacionó con un rechazo ante el conflicto bélico con Ucrania.
Sí que es cierto que se ha achacado al conflicto. Personalmente considero que un festival de cine debe de ir por un lado y la política por otro. Y no tiene por qué pagar un peaje que no corresponde. Como artistas debemos centrarnos en hablar a través de nuestra obra sobre el hombre y sus problemas, sobre nuestras distintas creencias y la forma de llegar a un entendimiento, que solvente la distancia que esas creencias generan entre las personas.

Héctor Llanos Martínez

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