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“Las mujeres lorquianas albergan mucho deseo, amor y odio”

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Paula Ortiz • Directora

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- Cineuropa charla con Paula Ortiz acerca de su segundo largometraje, La Novia, basado en las Bodas de Sangre de Federico García Lorca y competidor en Tallinn

Paula Ortiz  • Directora

Después del éxito de su primera película, De tu ventana a la mía [+lee también:
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, Paula Ortiz continúa explorando algunas de sus líneas temáticas y paisajísticas con La novia [+lee también:
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, un drama basado en la famosa novela del escritor español Federico García Lorca: Bodas de Sangre. Ortiz, que compagina sus trabajos como directora, guionista, productora y profesora universitaria, nos desvela las muy arriesgadas claves de esta tragedia, saturada de personajes fuertes, paisajes agresivos e intensidad técnica y emocional.

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Cineuropa: En La novia se dan conexiones con tu anterior película, De tu ventana a la mía, pues repites universo femenino y paisajes: mantiene la misma estética del fragmento protagonizado allí por Maribel Verdú, ¿no es así?
Paula Ortiz: Justo. No son las mismas localizaciones, pero sí es ese mundo del desierto. Inevitablemente, es el paisaje de mi memoria e imaginación: soy de Zaragoza y he crecido rodeada de desierto. La belleza dura y la supervivencia del desierto creo que tiene, a nivel ético, estético y emocional, un valor. La experiencia cinematográfica, el viaje que nos gusta construir, pasa por esa vivencia del paisaje, de los elementos de la naturaleza, de esa construcción intensa de las texturas de la tierra, las atmósferas y los materiales. En ese mundo conectan ambos films y en el femenino también, por identidad. Lorca, que desarrollaba mundos femeninos y tenía una poderosa visión de este tipo de personajes, hacía algo más valiente que lo que hice yo en mi primera película: generar personajes que, además de poseer una identidad mítica, como de diosas, albergan en sí mismas fuerzas de creación y destrucción: no sólo es un universo más delicado o más sensible, algo que se le puede achacar a la feminidad, sino que son más contradictorias, viscerales, para bien y para mal: ellas albergan todo el deseo, todo el amor y todo el odio. Son tremendas, y navegar por ahí me ha parecido un privilegio.

¿Por eso La novia posee un tono tan arrebatado?
Es una tragedia y el código trágico exige un río de sensaciones, emociones, profundización... hasta llegar a la catarsis, a esa conmoción del alma, a esa grieta, como decían los griegos. Para lograrlo con el lenguaje del cine, tienes que realizar una construcción más intensa, y es el propio código el que te marca el tono, muy emocional, para llegar al final a una reflexión moral. Para eso hay que provocar un viaje de sensaciones bestiales y lo hemos intentado con todas las herramientas a nuestra disposición.

¿Y cómo consigues que ese tono no se desboque?
Lograr ese tono es el gran miedo: no sabes, hasta que terminas la película y la ve gente externa, si lo has logrado. Porque quienes la hacemos no sabemos si un tono tan complicado puede caer en el ridículo o la exageración: ha sido el temor durante todas las fases de trabajo, desde la preproducción, en el rodaje, con los actores, con el equipo técnico que tenía que construir el mundo estético, visual y sonoro, como luego en la postproducción. Nunca estás seguro: es un umbral terrible. Muchas veces digo: no sé si haré algo tan difícil nunca, a no ser que me vuelva a meter en otra tragedia, en un texto clásico de este tipo, porque es un tono peligrosísimo. Pero si quieres construir el valor de la tragedia de la misma manera que lo tenía en los griegos, en Shakespeare o en Lorca, pero en el mundo actual, en la sofisticación de la representación artística, tienes que poner encima de la mesa todos los lenguajes. Por eso en La novia ha habido una construcción fuerte plástica del color, de la luz, de los paisajes, texturas, objetos, dirección artística… una apuesta también dramatúrgica con los actores y el verso y con la construcción sonora, que genera mucho de lo irreal y simbólico, como la música.

¿Es tu película como una ensalada con sabores fuertes?
Eso es. Soy consciente de que está todo el tiempo en el filo: ésa era la apuesta y tenía muchas papeletas para que a mucha gente, si no entra en el film, le saca.

¿Qué fuerza te empujó a meterte en semejante berenjenal?
Yo leí a Lorca cuando tenía 15 años y fue algo atávico, hipnótico: no hay una razón intelectual, sino pasional. Estudié Filología Hispánica y no le tengo miedo a esos textos, porque he convivido con ellos. Entonces, ¿por qué no escribir un guión con uno de estos textos, que pueden tener una potencia en pantalla tan fuerte y a veces en nuestro cine los sacralizamos y no les damos nuevas formas como sí hacen en otras cinematografías?

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