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“Para mí, el cine es una necesidad”

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Mauro Herce • Director

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- El cineasta español Mauro Herce proyecta en Gijón su multipremiada ópera prima, la subyugante Dead Slow Ahead, rodada en un carguero

Mauro Herce  • Director

El cineasta barcelonés Mauro Herce ejerce estos días de jurado de documentales en el 53° Festival Internacional de Cine de Gijón, donde además se proyecta –fuera de concurso– su multipremiada ópera prima, Dead Slow Ahead [+lee también:
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entrevista: Mauro Herce
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, subyugante película rodada en un carguero.

Cineuropa: Tu film es toda una inmersión en una atmósfera única ¿cómo y con qué equipo se consigue semejante proeza?
Mauro Herce:
Éramos un técnico de sonido y yo, con la cámara. Pensé llevar un actor para que provocara situaciones, pero fue imposible que nos aceptaran a los tres en un barco. En el rodaje me gusta tener libertad para reinventar la película, según intuyo algo, poder ir hacia un lado u otro, saber que provocando cosas puedo llevar la película a un lugar que me interesa; todo muy abierto.

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¿No se traiciona así el “decálogo del perfecto documentalista”?
Yo lo traiciono sin cesar: no me interesan las cosas muy puras y estrictas, creo que no existe el verdadero documental ni la verdadera ficción: son etiquetas para definir. En el fondo, la ficción siempre tiene algo de real y el documental, una construcción de ficción: ambos se contaminan. Y no deja de haber una mirada: sin ella no hay película, por lo tanto, todo es un artificio.

¿Cuánto tiempo duró el rodaje a bordo del carguero?
Fue una locura encontrar un barco al que nos dejaran subir: lo hicimos en Ucrania, en Odessa, atravesamos el Bósforo, Mediterráneo, Canal de Suez, Mar Rojo y llegamos a Jordania llevando trigo. Luego, descargados, recorrimos todo el Mediterráneo, Gibraltar, cruzamos el Atlántico y subimos por Nueva Orleans hasta Mississippi: donde cargamos carbón... dos meses y medio en total.  

¿Había guión en tu película?
Tuve que escribir una especie de guión para conseguir financiación, aunque siempre lo dejé muy abierto, con situaciones que podían pasar, pero sabiendo de qué quería que hablase la película, aunque no sabía muy bien qué podía pasar durante el rodaje. Pero quería tener tiempo: tengo confianza en que, si paso tiempo en un lugar, voy a descubrir cómo funciona y voy a encontrar el punto de conexión entre mi mirada del mundo y lo que el lugar ofrece.

¿Y ha cambiado mucho esa idea previa que tenías?
Sí, siempre se transforma. Para mí eso es esencial: el cine es más que una profesión, es casi una necesidad. Me paso el día filmando, vivo a través de la cámara. Si en el proceso no aprendo sobre mí o sobre el mundo que estoy filmando, para mí no tiene interés rodar. Para que surja la emoción, tengo que transformarme en el proceso. Y para transmitirla al espectador se tiene que dar eso.

¿Tenías referentes cinematográficos antes del rodaje?
Me gustan mucho la literatura y el cine de barcos, pero cuando trabajo procuro olvidarme de todo, es más, cuando empiezo a reconocer derivas que ya se han hecho en cine, me parece un mal camino y me alejo de ahí, porque ya sé a dónde van y no me emocionan ni sorprenden: necesito buscar la sorpresa. A veces no sé cómo conseguirlo; es como un proceso de vaciado: no sé lo que quiero, pero sé lo que no quiero. Así, me voy liberando de referentes e ideas... en ocasiones, por la mañana, me hacía un guión de cosas que quería filmar y, frecuentemente, lo abandonaba durante el día porque empezaban a pasar cosas mucho más auténticas.

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