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El principio aleatorio

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Susan Gluth • Directora

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- Un perfil de la realizadora alemana Susan Gluth, que habla de su último proyecto, Urmila, mientras recuerda alguno de sus trabajos anteriores y temáticas habituales

Susan Gluth  • Directora

Susan Gluth deja claro el ingente volumen de trabajo que implica cada una de sus películas, lo cual la mantiene ocupada pensando, planificando, desesperándose, y de vez en cuando regocijándose en una permanente montaña rusa de emociones. Está claro que apenas hay tiempo para otras cosas durante los periodos en los que esta realizadora intenta progresar con un proyecto.

Acaba de volver de Nepal, con una gripe terrible, y aun así se pasa todo el día encerrada en unos estudios de sonido en Berlín, con el músico israelí Hagay y el guitarrista argentino Dominic, intentando terminar su última cinta. Urmila, que debería estrenarse en los cines alemanes a comienzos del 2016, narra la historia de la represión a la que son sometidas mujeres y niñas como Urmila Chaudhary, que se vio obligada a trabajar como una esclava hasta que consiguió liberarse a sí misma. Mientras tanto, con poco más de 20 años, se dedica a viajar a través de los pueblos y ciudades de Nepal para ayudar a otras niñas en situaciones similares.

“Hacerse mayor no es para blandengues”, tal como expresa una cita en la página web de Gluth. Esta frase está extraída de su película Playing Hooky, ambientada en Sun City, Arizona, un pueblo para gente retirada. Lo mismo podría aplicarse al cine: “Hacer películas no es para blandengues”. Gluth no es una directora combativa, pero sí una que trabaja con absoluta pasión por lo que hace y una consistencia increíble: de forma intuitiva, más que a base de arrebatos, con un entusiasmo espontáneo y una mente abierta de cara a todos los imprevistos que pueden surgir cuando inicias un nuevo proyecto. “No empiezo escribiendo reportajes documentados y luego buscando financiación; normalmente me encuentro visitando algún sitio y simplemente empiezo a rodar, y habitualmente el material para una nueva película parte de ahí, de pura casualidad”.

Gluth dijo en una entrevista en 2001: “Es utópico pensar que puedes sobrevivir trabajando como documentalista. La televisión es el mercado principal, es imposible vivir del cine”. A grandes rasgos, las cosas han sucedido más o menos como ella esperaba. Pero desde entonces se ha labrado un camino hacia la independencia gracias a su impresionante estilo personal. Fundó su propia productora, desde la que intenta distribuir sus películas en las salas de cine, y ha aprendido a considerarse una realizadora independiente, sin un salario fijo: “En lugar de construirte una casa, haces películas. En mi caso, no hay ningún tipo de regularidad, pero de alguna manera siempre recibes algo. A veces más, a veces menos. Ganar dinero ya no es una prioridad”.

Aquellos que visiten la página de Susan Gluth se encontrarán con una bienvenida en inglés. Nunca se ha considerado a sí misma como una directora “alemana”; desde el principio sus películas han tenido vocación internacional. “Los temas para mis películas simplemente llegan a mí, ya sea a través de un encuentro personal o, como en el caso de Urmila, de un artículo periodístico. A partir de ahí comienzo a investigar y el tema evoluciona”. Su primer largometraje, L’amour Chez Tati, gira entorno a diversas historias de amor que son relatadas en un salón nupcial de París. Poco después dirigió Ostwärts, acerca de Mecklenburg-Vorpommern, diez años después de la reunificación, y más tarde un retrato del gran director Federico Fellini y dos documentales acerca de los niños refugiados en Darfur/Sudan. La directora no ofrece respuestas a las cuestiones acerca de cómo se inician los conflictos, sino que muestra mayor sensibilidad e interés por los miedos y esperanzas de las poblaciones desplazadas.

Su trabajo cinematográfico más exitoso hasta el momento ha sido Wasser Und Seife, una cinta acerca de una lavandería en Hamburgo. En ella realiza un retrato de la gente en las escalas más bajas de la jerarquía social: tres mujeres de avanzada edad que lavan, secan y planchan en un pequeño negocio familiar en el que ganan muy poco dinero (el salario de cada una de ellas ronda los 750 euros al mes). Gluth se acerca a las tres trabajadoras con gran respeto, tratándolas como iguales, a medida que estas realizan su agotador trabajo soportando altas temperaturas y niveles de ruido intolerables. La película no muestra solo a las protagonistas en la lavandería, sino que también las acompaña en sus vidas privadas. Durante 90 minutos, Wasser Und Seife se acerca de manera cariñosa a estas heroínas anónimas, y a los modestos sueños y aspiraciones que las hacen felices.

Susan Gluth siempre ha admirado a la gente comprometida, aquella que se atreve a aventurarse más allá de su zona de seguridad. Investiga la fuerza que inspira a esta gente, preguntándoles de dónde sacan la energía para hacer lo que hacen, y cómo se las arreglan. Estas son las preguntas esenciales que la propia realizadora se hace también a sí misma.

(Traducción del inglés)

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