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"Homo Sapiens admite todo tipo de interpretaciones"

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Nikolaus Geyrhalter • Director

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- Nikolaus Geyrhalter, director de documentales nacido en Austria, nos habla de su última obra, Homo Sapiens, desde el festival Cinéma du Réel, que le ha dedicado un programa especial

Nikolaus Geyrhalter • Director
(© Philipp Horak)

El director de documentales, Nikolaus Geyrhalter, autor de obras como The Year after Dayton (1997), Pripyat (1999), Notre pain quotidien (2005), Abendland [+lee también:
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(2011) et Over the Years [+lee también:
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(2015), con las que ha marcado una pauta artística profunda, apasionada e intransigente, presentó en el Fórum del Festival de Berlín del 2016 su último trabajo titulado Homo Sapiens [+lee también:
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entrevista: Nikolaus Geyrhalter
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. Se trata de una obra fascinante y con carácter apocalíptico que explora un mundo moderno en el que el ser humano ha desaparecido prácticamente y la naturaleza lo ha invadido todo. Cineuropa se ha entrevistado con el director en París, con ocasión del 38 festival Cinéma du Réel, que le ha dedicado un programa especial.

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Cineuropa: ¿De dónde vino la idea de Homo Sapiens ?
Nikolaus Geyrhalter: Es un proyecto que tenía en mente desde hacía tiempo. Lo rodé al mismo tiempo que Over the Years, que habla sobre todo de la gente, mientras que Homo Sapiens es todo lo contrario. Me gusta la idea de filmar dos películas de manera paralela y poder pasar de un mundo al opuesto. También me gusta observar de cerca los sucesos que ya han ocurrido, como hice por ejemplo con Tchernobyl en Pripyat. Bajo ese ángulo, es lo que ocurre en Homo Sapiens, pues hablo de una civilización que ya no existe. Aunque la película también habla del presente, así mirado, se trata de un documental, aunque también se puede interpretar como si fuera el futuro.

¿Cómo encontraste los escenarios del rodaje, imprescindibles para entender la película, lugares a menudo increíbles y abandonados?
Buscamos muchísimo por Internet. Encontrar los escenarios no fue lo más difícil. Lo más difícil fue saber dónde se encontraban esos escenarios. De hecho, a menudo tuvimos que mantener en secreto esa información, pues, aún teniendo permiso para rodar, los dueños no querían que se supiera, para evitar posibles visitas, robos, pintadas, etc. Al principio buscamos solo lugares abandonados, pero la película habría sido muy aburrida. Entonces después empezamos a elegir objetos concretos cargados con una buena dosis de crítica social, como mataderos o instalaciones militares. Tardamos cinco años en hacer la película, estuvimos rodando entre Europa, Japón, América y Argentina.

Tanto el montaje como la banda de sonido desempeñan un papel determinante. ¿Cómo lo habéis hecho?
El montaje se hizo a medida que hacíamos el rodaje. Rodábamos un poco, veíamos lo que podíamos hacer con el material obtenido, veíamos lo que faltaba y volvíamos a rodar para completar el montaje. Y en cuanto al sonido, empezamos a grabarlo durante el mismo rodaje. Pero en seguida nos dimos cuenta de que no era buena idea pues siempre encontrábamos señales de vida humana. Entonces decidimos no llevarnos al técnico de sonido a los rodajes, con lo cual pudimos ahorrarel dinero para la creación de una banda de sonido en la que se juega con el viento, el agua, los pájaros, y que ha influido en la duración de las secuencias de la película.

El lado relativamente intemporal de la película coincide de lleno en tu estilo muy personal de tratar el documental.
Quiero hacer películas que no envejezcan muy rápido para que puedan ser vistas por las futuras generaciones. Por ello intento trabajar de la manera más sencilla posible. También, me gusta utilizar un ritmo lento para que el espectador pueda comprender realmente la película y descubrir por sí mismo los detalles. Así ocurre en todas mis películas. Está claro que no formo parte de la norma. Para mí, eso es lo que separa el cine de la televisión: en el cine, hay que tomarse su tiempo, tiene que ser toda una experiencia. Evidentemente, se podría rodar la misma película con muchísimos más detalles, pero ¿para qué? Homo Sapiens admite todo tipo de interpretaciones. Hay muchos elementos colocados entre líneas, cada persona los podrá interpretar a su manera, según las experiencias que cada uno ha tenido en su vida. Pero no me considero un artista, como me ven algunos. No quiero atribuirme ese título. Veo mi trabajo más bien como un trabajo de artesano, como la persona que vive de lo que produce con su cuchillo y su martillo. Lo que me interesa es la vida de verdad.

(Traducción del francés por Ainhoa Jáuregui)

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