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"De niño quería ser payaso o mago"

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Johannes Nyholm • Director

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- Multipremiado por sus cortos, el cineasta sueco Johannes Nyholm realiza un impresionante debut en el largo con The Giant

Johannes Nyholm  • Director

El artista, guionista, director y productor sueco Johannes Nyholm está acostumbrado a la atención internacional: sus tres primeros cortos fueron seleccionados por Cannes, incluyendo el primero de ellos, Puppetboy (2008); Las Palmas (2011) cosechó varios premios, incluyendo el de mejor cortometraje del Festival Internacional de Cine de Gotemburgo, y un Guldbagge, el galardón cinematográfico sueco.

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, también ha empezado con buen pie, pues ha sido seleccionado por el Festival de Toronto. En San Sebastián ganó el premio especial del jurado, y la semana pasada recibió una mención especial en Reikiavik. Actualmente se proyecta en el Festival Internacional de Cine de Londres BFI y en el surcoreano Festival Internacional de Cine de Busan; la película se estrena localmente el 14 de octubre de la mano de Triart Film.

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Escrita por Nyholm y producida por Maria Dahlin para Garagefilm International, The Giant está protagonizada por Christian Andrén en el papel de Rikard, un treintañero autista que vive en un hogar para discapacitados. Rikard fue separado de su madre cuando tenía tres años, hecho que todavía le atormenta. Para evadirse de las dificultades de la vida, se escapa a un mundo de fantasía en el que es un gigante de 50 metros. Luego juega a la petanca con su mejor amigo, soñando con convertirse en campeón nórdico... y con volver a ver a su madre.

Cineuropa: ¿Cómo se te ocurrió el personaje de Rikard? Seguramente no es una persona con la que te encuentras todos los días en el supermercado.
Johannes Nyholm: Rikard es una personalidad inusual; para mí, sería una agradable sorpresa verle aparecer en mi supermercado local. Él es una manifestación física de un estado mental de un sueño febril que tuve cuando tenía cuatro años. En su forma más extrema, este estado estaba cerca de lo metafísico: era difícil comunicarse con el mundo exterior, que estaba fuera de mi alcance, y yo fuera del suyo. Lo veía desde la distancia, como si lo mirara a través de unos prismáticos puestos en la dirección contraria; lejos, muy lejos, veía a gente hablando en un lenguaje que no entendía sobre cosas con las que me podía identificar.

¿Cómo describirías a Rikard?
Él tiene evidentemente dificultades en su comunicación con el mundo exterior. Su mente funciona de manera diferente, solo tiene un ojo, y sus oídos están parcialmente cubiertos por protuberancias. Además, es casi mudo. Su fortaleza está en su voluntad y en su mundo interior, que es extremadamente rico, poético, mágico. Tal es su fuerza que llega a afectar a su mundo físico, ayudándole a curar sus heridas.

¿No parece envidiable su rutina diaria?
Los límites y restricciones que tenemos que soportar a veces nos dan la clave para superarlos de la manera menos esperada.

¿Has hecho un cuento de hadas con una especie de final feliz?
En muchos sentidos, la película es muy optimista. Quería retratar entornos y situaciones que no suelen ser descritos como ventajosos desde una perspectiva positiva. Dicho esto, no me pronuncio sobre si la conclusión es feliz o no. Pero, con suerte, dará algo de tranquilidad al espectador.

¿Ha sido una producción difícil?
Escribí la primera versión del guión muy rápidamente, hace casi diez años. Desde entonces, fue madurando en un cajón. Hace cuatro años, retomé el guión. Entonces lo reestructuré, lo pulí y lo simplifiqué, y lo presenté como un work-in-progress al CineMart de Róterdam, donde conseguimos el Premio Eurimages. Eso ayudó mucho a financiar el film.

Aparte del hecho de que tardábais cuatro horas y media en maquillar al protagonista antes de poder rodar, ¿habéis tenido otros problemas durante el rodaje?
Sí, el maquillaje necesitaba muchos recursos, tanto en términos temporales como económicos. Pero hemos tenido otras grandes complicaciones en la producción —a ver, es que teníamos que filmar a un gigante de 50 metros deambulando por Copenhague y Gotemburgo—. Sin embargo, las escenas más exigentes fueron las del campeonato nórdico de petanca, en las que tuve que dirigir a 300 extras.

¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser director de cine?
De niño quería ser payaso o mago. Luego a los 15 me di cuenta de que había un modo de combinar estas dos ambiciones: hacerme cineasta.

¿Siempre te ha fascinado la fusión de fantasía y realidad?
Sí. Lo que sucede cuando estás dormido y despierto al mismo tiempo, entre la imaginación y el pensamiento, es algo fascinante, y especialmente interesante si no estás del todo seguro de en qué lado estás. Nuestra percepción de la realidad es muy limitada, hay muchas cosas que escapan a nuestra comprensión. Me gustaría abrir con cuidado la puerta a lo desconocido, espolvorear un brillo mágico sobre nuestra existencia anodina.

¿Volverás a crear un mundo único en tu próxima película?
De hecho mi siguiente película, Koko Koko-di-da, está casi lista, la rodé antes de The Giant. Se ambienta en un mundo completamente diferente, pero también tiene ese viaje flotante entre el sueño y la realidad. Y si The Giant es un sueño, Koko Koko-di-da es una pesadilla.

(Traducción del inglés)

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