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"Un marco de reflexión en común para comprender el cuadro sinóptico de los jóvenes"

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Laurent Cantet • Director

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- Estuvimos con el cineasta francés Laurent Cantet para hablar de El taller de escritura, obra presentada en Un Certain Regard en Cannes y estrenada el 11 de octubre en Francia

Laurent Cantet • Director
(© E. Piermont / FDC)

Cineuropa estuvo en Cannes con Laurent Cantet, premiado con la Palma de Oro en 2008 por La clase [+lee también:
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, para presentar y hablar de su nueva película, El taller de escritura [+lee también:
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, presentada en la sección Un Certain Regard. El guionista y director francés describe su método y su impulso creador, así como su interés por las generaciones jóvenes y sus cuadros sinópticos. El cineasta evoca también el personaje central de Antoine y algunos de los desafíos de su película, distribuida a partir de este miércoles, 11 de octubre, en los cines franceses de la mano de Diaphana.

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Cineuropa: ¿Cuál fue su punto de partida para escribir este guion tan rico y poderoso sin perder por ello su compostura (con Robin Campillo, también coguionista de La clase)? ¿el taller? ¿el personaje que vemos en él?
Laurent Cantet
: Mi intención era tratar de trazar el retrato de esta generación que ahora tiene entre 20 y 25 años y que se ve enfrentada a un mundo mucho más complejo de lo que era antes, más violento, con menos espacio para existir. La idea del taller de escritura permitía dotar a estos jóvenes de un marco de reflexión en común y de trabajo. En todas mis películas pasa eso: me gusta partir de un microcosmos que acaba convirtiéndose en una imagen reducida del conjunto de nuestra sociedad y, más progresivamente, de los individuos que se desprenden, que emergen ante esta mirada tan documental que puedo proyectar sobre las cosas al principio, y nos llevan poco a poco hacia una ficción. Creo, de hecho, que aquí el aspecto novelesco está mucho más desarrollado que en mis películas anteriores. Espero que se tenga miedo ante esta película, que hayamos llegado a implantarle esos toques de thriller. Las reacciones en Cannes sugieren que sí; la gente me dice que han estado aterrorizados en algunos momentos.

Lo que me interesaba, también, era poder trabajar nuevamente con un grupo de jóvenes porque tienen un montón de cosas que decir sobre lo que son que a menudo contradicen los prejuicios y demuestran que hay mucha más implicación y complejidad en su manera de pensar. Me parecía interesante mirar cómo se articula su mundo, entre su círculo de amigos y esa otra relación con el mundo, mucho más amplia a través de Internet y todos esos medios de comunicación que usan asiduamente.

Así que la idea era dar cuenta de ese momento de nuestra historia, con lo que ello tiene de angustioso, ya que es cierto que los jóvenes se enfrentan a un mundo violento.

Más allá de la literatura negra que los jóvenes elaboran en el taller, de manera implícita, diríamos que tratan asimismo de destapar otro asesinato, esta vez metafórico: el de algunos valores, el de algunas asideras.
La película intenta, en efecto, constatar esta fractura que existe con el mundo de los “viejos”, del que por desgracia formo parte y que tiene una forma de pensar con muchas más referencias que la suya o, por lo menos, con distintas referencias (la de la cultura obrera ya no existe, por ejemplo). La Historia, para ellos, empezó ayer. La nuestra les parece tan antigua que apenas atienden a ella para analizar el mundo actual. Sus esquemas son distintos. Son estos cuadros sinápticos los que quería sacar a la luz, a través de las discusiones del taller tanto como a través de una diversidad de imágenes sin ton ni son (Internet, archivos, videojuegos). Para mí, al dar cuenta de cómo se representa esto, se subraya la violencia de nuestra relación con el mundo.

El personaje de Antoine, que emerge a mitad de metraje y nos pilla por sorpresa, al igual que la profesora de la película (Marina Foïs), está habitado por un vacío.
Este persona es, para mí, la imagen de la errancia a todos los niveles: su día a día es ocioso, se deja llevar por unos y por otros... Y, al mismo tiempo, hay una enorme violencia contenida en ese trabajo de escritura de una novela negra, que, efectivamente, exige invocar esa violencia, abre de sopetón las válvulas y empieza a dudar sobre la legitimidad de cierta violencia y sobre su misma posibilidad, y es cierto que todo se vuelve de repente mucho más inquietante. Sin embargo, por mi parte, tengo más miedo por él que de él. Era uno de los retos de la película, de hecho: crear un personaje que fuera a la vez inaceptable y seductor. Creo que, como la profesora, en tanto que espectador, estamos en una relación de desconfianza y a la vez de interés mezclado con deseo por este joven, y se tiene la impresión de que uno debe salvarlo.

(Traducción del francés)

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