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Marc Recha • Director

“Ruedo de manera compulsiva”

por 

- Marc Recha estrena mundialmente en el Festival de Gijón su nuevo trabajo, La vida lliure, días antes de proyectarse en el de Tallin, y nos desvela algunas de sus claves

Marc Recha • Director
(© Natalia Casado/Ficx)

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se filmó en la isla de Menorca, con Sergi López y dos niños debutantes en la interpretación encarnando a los personajes centrales. Su director, Marc Recha, acudió el pasado fin de semana al 55 Festival Internacional de cine de Gijón para exhibirla por primera vez, ante el público del Teatro Jovellanos: charlamos allí con él.

Cineuropa: ¿Tiene ya la película distribución?
Marc Recha:
Sí, la distribuirá Splendor Films en España. Es posible que se estrene en enero del próximo año, de todos modos este tipo de película tiene larga vida y recorrido, y pueden pasar años y sigues acompañándola en presentaciones por todo el mundo... y eso me gusta. A veces necesitas no sólo una cierta perspectiva, sino también reposo y con este cine, a través de los años, te das cuenta de que cuanto más tiempo pasa, mejor. Son proyectos que, quizás por su origen, tienen algo que los hace muy duraderos.

La vida lliure se abre con imágenes de archivo de la I Guerra Mundial.
Sí, nos pareció interesante marcar el contexto histórico donde transcurre la acción. La premisa era hacer un proyecto de presupuesto reducido, manteniendo su frescura y autenticidad. Si fuera más ambicioso y complejo, levantar su financiación sería más difícil y al final todo se deshincha y pierde frescura tras cinco años de lucha por conseguir el dinero. Esta película tenía la premisa del poco dinero e ir haciendo camino poco a poco. También queríamos que hubiera cierta depuración de todos los elementos, por eso nos pareció bien dejar claro que el contexto y los hechos existieron, porque las nuevas generaciones no tienen mucha idea de qué fue la I Guerra Mundial, por eso usamos esas imágenes tan potentes, aunque luego la película entra en un cine más poético, con la silueta de los pinos, la playa y el acantilado, todo ello en Menorca. 

Esta nueva película conecta con la anterior, Un día perfecto para volar [+lee también:
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, al abordar también la fantasía infantil.
Me fascina el mundo soñado e imaginado, que es una manera de evadirse de la realidad y vivir en un mundo paralelo, porque con lo que nos cae encima... Toda mi vida he sido así: desde los ocho años empecé a rodar en súper 8 y vivía en un mundo diferente: esto se refleja, quizás de forma voluntaria, en mis personajes infantiles. No deja de ser el viaje de Tina, la protagonista, un viaje de aprendizaje y descubrimiento, de aprendizaje personal, de la infancia al de los adultos: eso es muy atractivo en el cine, creando esa atmósfera y situaciones de una manera sutil, no explicitando demasiado, trabajando más el lenguaje no verbal, las miradas y los sonidos. Y, sobre todo, algo que también nos pasa a los adultos: si nos gusta el paisaje, qué placer pasear por un bosque. Cuando lo haces, sientes buen rollo y los psicólogos lo recomiendan más que mil fármacos. La secuencia del libro que los niños están leyendo la hicimos con un libro de mi abuelo que leí de pequeñito y me impactó mucho.

También tiene un halo de film de aventuras...
Hay varias lecturas en la película, pero cuando la escribía pensaba en los libros de viajes y aventuras, como La isla del tesoro. También en Josep Pla y su vida libre en el Ampurdán. Es un caleidoscopio de todas las cosas que me han fascinado, de pintura, música y literatura, que habla de esa atracción por mundos no explorados y las relaciones contradictorias de los seres humanos con la naturaleza. El paisaje está condicionado por la mano del hombre y la naturaleza no es así, pues es libre y a veces peligrosa: en Menorca, la tramontana puede ser impresionante. Los temporales allí en el pasado eran muy fuertes, pues no existían los medios de protección actuales y la muerte estaba muy presente.

Repites con Sergi López como protagonista...
Me gusta mucho su personaje de Rom: pensé desde el primer día en Sergi para que lo interpretara, con esa presencia física y esa mirada ambigua que le hace ser un hombre entrañable y, a la vez, inquietante. La película ha sido muy montada, pero tengo planos de él muy quijotescos, donde parece que se ha vuelto loco con el viento: al final los desechamos, pero podíamos haberle mostrado como un Rom que se ha vuelto loco. Es la manera compulsiva que tengo de hacer las películas: ruedo mucho material y se podrían hacer diez mil montajes diferentes, pero eso nos permite abrir mucha vías y debates muy interesantes en el montaje final: porque me gusta escuchar las opiniones de la gente del equipo. A veces montando me falta el contra plano porque había cambiado el tiempo y había llovido, pero ante cada escollo hay que superarse: gracias a algún impedimento la película ha tomado un rumbo diferente y es más interesante. Sigo pensando que uno no hace lo que quiere, sino lo que puede y le dejan hacer. Además, la belleza en el paisaje tiene un punto de imperfección y hay que mostrar eso en el cine: no puedes hacer las cosas como tú quieres porque al final no funcionarían seguramente. Porque... ¿cuántos cuadros, catedrales y vinos han surgido de la casualidad? La creación tiene ese punto intangible y, a la vez, imprevisible que aportan un punto de humanidad y de contradicción que hace que las películas sean más auténticas.

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