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La vida de Adèle

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- Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux destrozan las barreras del romanticismo social en esta excepcional historia de amor entre mujeres dirigida por Abdellatif Kechiche

La vida de Adèle
Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux en La vida de Adèle

“Tocar la misma esencia del ser humano” es el reto del cinéma vérité, el cine que muestra la cruda realidad, siempre presente en la carrera de Abdellatif Kechiche, muy celebrada a pesar de contar sólo con cuatro largometrajes. En La vida de Adele [+lee también:
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, a concurso en la 66ª edición del Festival de Cannes, el cineasta se eleva aún más acercándose lo más posible a los corazones y la piel de dos chicas de extracción social muy distinta.

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A través de un romanticismo de alto voltaje y extraordinaria profundidad, sin por ello renunciar a dar prioridad a la vida y a la intensidad de las escenas ni renunciar a la reflexión más densa y el análisis social, el director ofrece a la casi desconocida Adèle Exarchopoulos y a la ya consagrada Léa Seydoux dos inmensos papeles que éstas abordan con increíble valentía. Pero, más allá de las interpretaciones, reflejadas en los abrazos, las risas o las lágrimas de juventud, la película se confirma como una oda a la forma de libertad más simple pero más difícil de alcanzar, es decir, aceptar quiénes somos sin necesidad de justificarse.

“¿Cuál es mi género?” Para los adolescentes, los interrogantes sobre la identidad son muy relevantes y Adèle (Adèle Exarchopoulos), una estudiante de una familia de clase trabajadora de las afueras de Lille, está en la edad en que se despierta el deseo de amor y sexo. Amante de la literatura a pesar de vivir en un ambiente donde la cultura prácticamente no existe, de conversaciones con amigas o cenas en familia con la televisión siempre de fondo, enseguida se siente incómoda con los chicos.

Su vida cambia por completo cuando conoce a una chica de pelo azul que se cuela en sus sueños eróticos. Algo perdida en sus deseos y en busca más o menos consciente de esa aparición, no tarda en volver a verla y, tras superar la agresividad de algunas de sus compañeras (“Nunca me vas a comer el coño, tortillera de mierda”), se lanza en el desconocido territorio de la homosexualidad femenina.

A Emma (Léa Seydoux), la chica con el pelo azul, estudiante de cuarto de Bellas Artes, le atrae el encanto de Adèle, pero al principio la mantiene a una cierta distancia (“Soy uno de esos adultos que va a bares de gays. Creo que somos bastante distintas”), antes de dejarse llevar por la alquimia de sus cuerpos. Comienza entonces una vida de pareja que se romperá gradualmente con el paso de los años por sus vocaciones (Adèle, de profesora; Emma, de pintora) y por sus diferencias en ambiciones, clase social, educación y maneras de experimentar la felicidad.

Aunque se mantiene fiel al tema central (el descubrimiento de la pasión entre mujeres) del cómic El azul es un color cálido en que está basado, Kechiche elimina casi todos los elementos de militancia lesbiana y su dimensión trágica para concentrarse en un tema sociológico habitual de su cine: las diferencias sociales y los espacios del "melting pot" (cuerpo contra cuerpo, los placeres de compartir una comida, manifestaciones, fiestas y bailes, pequeñas aulas de colegio, etc.) Su dirección, especialista en primeros planos y movimentos, se sumerge en los personajes y examina sus sentimientos al detalle en largas y cautivadoras escenas.

La maestría y la fuerza de las escenas de sexo van mucho más allá de su dimensión pornográfica, convirtiéndose en descripciones de naturaleza en su expresión más simple. Una transmutación lograda asimismo gracias a la presencia de numerosas referencias en las escenas de vida cotidiana, como La vie de Marianne, de Marivaux (la historia de una mujer que se enfrenta a todo); Antígona (la "pequeña" heroína que un día decidió decir que no) y El existencialismo es un humanismo, de Sartre. Un conjunto que hace de La vida de Adele una gran película que consigue conjugar espontáneamente el cuerpo y el alma.

(Traducción del francés)

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