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CANNES 2014 Quincena de los Realizadores/Reino Unido

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Pride: un film que va directo al corazón

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- CANNES 2014: La Quincena de los Realizadores echó el telón con los bonitos combates, las bellas personas, la solidaridad, la vitalidad y la alegría comunicativa de lo nuevo de Matthew Warchus

Pride: un film que va directo al corazón

Al cabo de diez días de festival, ya es tradición que la Quincena de los Realizadores prevea un bouquet final que galvanice al público de Cannes, una película que los llene de alegría y de emoción y lo levante de su asiento al final de la proyección para una larga y sonora ovación. Esta experimento de comunión cinematográfica nos lo ha ofrecido este año la producción británica Pride [+lee también:
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, una obra dirigida por Matthew Warchus en forma de grito de adhesión que recupera la sorprendente solidaridad que reunió en los años 80 en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher a la comunidad gay de Londres y a los mineros galeses.

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Todo nace de un sentimiento de compasión: viendo las noticias, el día siguiente a una fiesta, Mark (Ben Schnetzer) se siente honestamente emocionado por la suerte de los trabajadores de los fondos de la tierra a medida que el gobierno británico cierra las minas: un episodio histórico que, para el cine británico, fundó la solidaridad social. Con sus joviales amigos, Mark decide entonces buscar información sobre los demás oprimidos por el partido conservador, pues, a fin de cuentas, "pelear por los derechos de los gays no sirve de nada si uno no pelea por los derechos de todo el mundo". Así es como nace el movimiento LGSM (Lesbians & Gays Support the Miners), por más que el líder del grupo no ve mucho gancho en este nombre de cuatro letras iniciales.

Los habitantes de esta pequeña localidad minera de las profundidades del país de Gales se muestran a la defensiva cuando llega en una furgoneta este grupo tan colorido, en el que se incluye un exuberante fiestero con los pelos de Patrick Swaize que manifiesta los primeros síntomas del fatídico virus; su discreto compañero, ya de larga duración, alienado de su beata familia; un joven que aún se encuentra dentro del armario... Pero las eventuales prevenciones de los provinciales, cuyo aspecto ilustra lo peor de la moda de los 80 y que también, a su vez, forman una simpática comunidad (encabezada por un Paddy Considine y una Imelda Staunton formidables, flanqueados por un Bill Nighy que hace gala de un refinamiento poco común en estos barrios de Gales...), no pueden hacer menos que rendirse (con al excepción de Maureen, paradigma de estrechez de miras e ingratitud) ante la generosidad de estos extravagantes londinenses que se preocupan por ellos cuando el resto del mundo les muestra su indiferencia.

Una de las grandes alegrías del film es justamente el simpático candor con que dos mundos separados por la ignorancia más que por los prejuicios se conocen y descubren sus intereses comunes: viejas damas que intercambian recetas con las lesbianas, lugareños torpes que acaban dándose cuenta de que conquistar la pista de baile les da un aire más viril frente a las chicas en lugar de recluirse en un rincón del bar a beber pintas... El intercambio es tan vivaz que la curiosidad de unos y otros no pesa solo sobre sus diferencias más evidentes y acaba por destapar que ambos grupos están compuestos por gentes sencillas cuyas vidas ya son lo suficientemente difíciles como para privarse de tener sentido del humor.

El tono sin complejos y lleno de gracia de la película tiende naturalmente al origen de la lucha de esta gente, que busca dar un puñetazo sobre la mesa ante la cerrazón de la Gran Bretaña de Thatcher y tienen demasiados obstáculos por delante como para permitirse dudar de sí mismos frente al mercado. Así, cuando califican la banda de Mark como "pervertida", este destaca que, ante los insultos, la estrategia de su comunidad siempre ha sido no indignarse tanto cuanto apropiarse de esos términos y reivindicarlos. Y esto no compete solo al cine: en diciembre de 1984, LGSM organizó en Camden un concierto orgullosamente titulado "Pits and Perverts" (literalmente, "minas y pervertidos"), donde nació el grupo Bronski Beat de Jimmy Somerville, y, al año siguiente, autobuses enteros de mineros acudieron al gran Gay Pride de Londres para apoyar a sus amigos, para caminar juntos, a la cabeza del desfile.

(Traducción del francés)

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