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CROSSING EUROPE 2015

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Hide and Seek: la utopía íntima

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- La cineasta inglesa Joanna Coates indaga en las posibilidades de derribar los convencionalismos del amor en un indulgente oasis cinematográfico

Hide and Seek: la utopía íntima

El primer largometraje de la cineasta inglesa Joanna Coates se hace algunas preguntas. ¿Es posible amar a más de una persona? ¿Es viable llevar una vida consagrada a ello? ¿Es la utopía del romance infinito y cambiante la respuesta a todas las inseguridades sentimentales? Acercándose solo levemente a tales preguntas, como acariciándolas, Hide and Seek [+lee también:
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presenta una liviana pero cautivadora mirada hacia la posibilidad de una isla. La película, recién triunfadora del Festival de Edimburgo (leer noticia), se proyecta estos días en el Festival Crossing Europe de la ciudad austriaca de Linz.

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Cuatro jóvenes (dos chicos y dos chicas) deciden dejar atrás Londres para instalarse en una casa perdida en el medio de la campiña inglesa. En el retrovisor, no solo Londres, sino todo el entramado de convencionalismos sociales que enyuga a todos los que formamos parte de eso llamado sociedad. Leah (Rea Mole), Max (Josh O'Connor), Charlotte (Hannah Arterton) y Jack (Daniel Metz, también coguionista y productor de la cinta), no necesariamente mejores amigos con anterioridad, deciden entablar una relación a cuatro bandas: primero estableciendo un calendario para compartir la habitación principal, y luego dejándose llevar por el tacto y el olor de la persona que está al lado. Poco importa que sea mujer u hombre, el contacto es el mismo: un liberado frenesí de intimidad y delicadeza que poco tiene que ver con el imaginario del amor libre desenfrenado en una sociedad que prácticamente lo ha demonizado a lo largo de la historia. Lejos de la intención de la película está, sin embargo, el sentar cátedra sobre la moralidad tanto de lo que parece apoyar como de lo que parece denunciar (la intransigencia que siempre rodea estas situaciones, encarnada aquí por el ex novio de Charlotte y su inesperada visita). Coates prefiere dejar que sus cuerpos sientan, vibren y se entremezclen, y lo hace rodándolo desde muy cerca, convirtiendo su cámara en otra de sus extremidades.

La propuesta de la cinta rezuma también una cierta esencia de performance artística, no solo por los juegos y espectáculos que se inventan los cuatro protagonistas para pasar el tiempo, sino también por su condición de experimento aislado, de utopía tanto a nivel argumental como (casi) a nivel narrativo. Suavemente encerrada en sí misma, Hide and Seek no ofrece un contrapunto real a su argumento, algo que en palabras de sus creadores pretende evitar el cliché cinematográfico gracias al cual todas las utopías rodadas acaban (muy) mal, pero que puede por ello acabar cayendo en el terreno de la autoindulgencia. Sea como fuere, la cinta de Coates, producida por Metz para Show Business Film, ofrece una interesante experiencia, una inmersión en un nuevo amor sin fronteras, desde el propio corazón de ese amor, entre latido y latido.

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