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La ley del mercado: violencia moral en los tiempos modernos

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- CANNES 2015: Stéphane Brizé pega fuerte con su primera candidatura a la Palma de Oro: una película social poderosa y profunda que se echa a la espalda un excepcional Vincent Lindon

La ley del mercado: violencia moral en los tiempos modernos
Vincent Lindon en La loi du marché

Es un hombre como cualquier otro, un individuo modesto metido en la burbuja del paro de larga duración y que atraviesa el desierto moral creado por la gran máquina económica del mundo contemporáneo. En oposición a los superhéroes imaginarios que colman las pantallas, es en el combate invisible de la realidad más ordinaria en lo que se interesa el cineasta francés Stéphane Brizé con La ley del mercado [+lee también:
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, presentada en la competición por la Palma de Oro del 68º festival de Cannes. Se trata de su primera participación a concurso en el mayor certamen internacional, cosa que no tiene ni un ápice de azar, habida cuenta de que el director ha sabido perfeccionar a lo largo de su carrera un estilo muy personal y apasionante centrado en el corazón humano y cimentando su estructura a la par con dureza y ternura y con una inteligencia que rehúye todo maniqueísmo. Ahora, en su madurez, Brizé consigue dar a luz una ficción dotada de un realismo poderoso y anclada en la observación y en la agudeza de la percepción. Este cine a la altura de los ojos del hombre aborda cuestiones sociales de gran envergadura sin forzar respuesta alguna ni trucar la narración. Además, encuentra su encarnación ideal en Vincent Lindon, un actor cuyas economía interpretativa, densidad natural e increíble facilidad a la hora de interpretar a "hombres del pueblo" encuentran en esta película un terreno de expresión excepcional que resulta aún más fascinante cuando sabemos que aparece rodeado únicamente de actores aficionados (cuya labor es igualmente satisfactoria).

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Con un manejo diestro de las elipsis, el guion (obra de Stéphane Brizé y de Olivier Gorce) sigue paso a paso a Thierry, un gruista de 51 años de edad en paro desde hace casi dos años. Si nada cambia, pronto dispondrá de 500 euros al mes solamente para que viva su familia y quede asegurado el futuro de su hijo discapacitado. La crucial necesidad de trabajo lo llevará a cometer actos "humillantes" allá donde tratará de quedar bien y mostrarse lo más conciliador posible: una cita inútil en las oficinas del paro, una entrevista a través de Skype ("quiero ser honesto con usted: hay muy pocas probabilidades de que lo contraten"), una discusión con su banquera ("un seguro de vida le permitiría quizá afrontar el futuro con mayor serenidad"), una formación en simulación de contratación en la que sus defectos (la postura, la amabilidad, la mirada, el poder de su voz, el ritmo de su discurso) pasan por la criba de parados como él… y una vida de soledad a pesar del apoyo de su mujer, con un estrangulamiento financiero que les obliga a vender un mobil-home junto al mar y a negociar a flor de piel por unos cientos de euros sin que Thierry deje de manifestar, con todo, la libertad que aún le queda. Después llega un empleo salvador como agente de seguridad en un supermercado: un puesto que, sin embargo, resultará ser tan tóxico desde un punto de vista moral como todo lo que le precedió. Se abre un universo de sospecha generalizado (alimentado por 80 cámaras de vigilancia) y de acusaciones en el que la pobreza salta a la vista (un anciano roba carne, una cajera se queda cupones de descuento, etc.): un microcosmos que refleja un mundo despiadado en el que cada uno hace solamente lo que se le pide que haga y donde inevitablemente surge la cuestión de los límites de la conciencia y de la moral individual...

Asociando perfectamente la aspereza del tema con una mirada siempre benévola hacia las debilidades del ser humano, Stéphane Brizé toma el tiempo de dejar emerger la verdad de las secuencias, explorando con paciencia las reacciones físicas de su personaje en el clima de agresión psicológica permanente e insidioso del sistema económico y de sus mecanismos. Una búsqueda de lo imperceptible que otorga poco a poco una acumulación de sorprendente fuerza en La ley del mercado: una obra depurada, sensible y que permanece en la memoria. Y como su personaje principal, el cineasta podría, sin duda, decir: "Avisad a la gente. No hacemos cualquier cosa con ellos. Los tratamos bien".

La ley del mercado es una producción de Nord-Ouest-Films que Diaphana distribuye mañana en los cines de Francia. MK2 International es su agente de ventas internacionales.

(Traducción del francés)

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